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De lo sublime a lo ridículo.
Diosmel Rodríguez
Miami, Domingo 18 de julio de 2004 (4:54 – 5:44 AM)
El anuncio que una compañía
norteamericana, con la aprobación de su gobierno, adquiriría productos
de la Biotecnología cubana, por un monto inicial de 2 millones de
dólares, pasa de lo sublime a lo ridículo. Cómo se explica, que después
de implementar severas medidas de restricciones económicas, que
supuestamente influirían en la durabilidad del gobierno cubano, hoy
abierta e incondicionalmente se esté comercializando con el supuesto
enemigo.
Más que el costo moral, de
esta decisión, está el costo político. Si por años se consideró que la
biotecnología cubana estaba bajo sospecha de estar desarrollando
programas factibles para el bio-terrorismo, incluso una interacción con
el depuesto régimen de Sadan Husein, como ahora nos vamos a hacer
cómplices de sus actos, reconociendo con la compra de sus productos, de
la buena fe y la concepción pacifica de sus proyectos en beneficio de la
humanidad.
Cómo se explica, que la súper
potencia del mundo ha tenido que recurrir, ante la opinión pública
internacional, a su víctima, un país pobre, asediado por un embargo
económico y con un personal científico sin las más elementales
condiciones para la investigación.
Cómo se justifica ante el
histórico exilio cubano, la superioridad del gobierno norteamericano (como
nuestro protector) sobre el gobierno cubano, cuando en tecnología e
inteligencia, en la práctica, el gobierno cubano ha demostrado ser
superior.
Dos ejemplos son suficientes,
la captación de un agente o espía al nivel de Ana Belén Montes y la
imposibilidad de hacer entrar la señal de Radio y Televisión Martí a
Cuba.
El sueño de muchos cubanos de
ver a Cuba liberada por los Estados Unidos se está extinguiendo. Tal vez
para nuestro ego y sentimiento nacionalista sea lo mejor, recurriendo a
aquel principio de Antonio Maceo, “…es mejor no contraer deudas de
gratitud con nadie”.
Queda bien claro y determinado,
que los gobernantes de los Estados Unidos piensan y actúan bajo la
premisa de una gran nación, que por sobre todas las cosas están sus
intereses a nivel mundial. El caso cubano, contrario a lo que muchos
piensan, no es su prioridad.
El actual status político en
Cuba está determinado por dos factores esenciales, la presencia física
de Fidel Castro o una inestabilidad social, dentro o fuera de la Isla,
que comprometa los intereses de los Estados Unidos. Por lo tanto, para
lograr resultados satisfactorios, hay que esperar que se produzca uno de
los dos escenarios. |