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OPERACION LIBORIO/ |
AYUDANDO AL PUEBOLO CUBANO |
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Sin
reflexiones seguimos sin cambios en Cuba
Un análisis del trabajo “Reflexiones para un cambio en Cuba” con
fecha 8 agosto del 2007 nos señala que estamos políticamente en el
mismo lugar, después de más de un año de su publicación. Y lo que es
peor, arrastrando los mismos errores estratégicos en la lucha por la
democracia en Cuba. La oposición cubana por estas razones está muy fraccionada, sin capacidad para auto-regularse y por tanto, aunque tuviera la oportunidad, no cuenta con los mecanismos para formar gobierno. Un vacío de poder en Cuba pudiera ser el escenario perfecto para demostrar esta realidad. Realidad que se agudiza cada día, se extingue el poder generacional y no surge una oposición medianamente creíble y con representatividad social. La justificación, la de siempre, un gobierno omnipresente y omnipotente que no permite que se creen las instituciones de gobernabilidad democrática.
Urge una oposición con líderes capaces de asumir riesgos,
convencidos que sólo puede aspirar a héroe quien tiene espíritu de
mártir y que esa condición es la que los hace diferente a los demás.
Solo así conseguirán poder de convocatoria y representatividad ante
las masas. Pero si la salida del país es la primera razón y
motivación de nuestra oposición interna, eso desnaturaliza nuestra
causa y nunca será una vía para la reivindicación social. Ese ilusionismo, de muchos integrantes de nuestra oposición interna y externa, que no hace falta salir a conquistar el poder es un gran error político. Esa idea de que por derecho propio, el poder les vendrá a sus manos, impide la conformación de estructuras de gobernabilidad. No es totalmente cierto que la falta de libertad sea la razón que impide estructurarse políticamente, como se podría justificar en la Isla. En el exilio, con todas las libertades civiles y políticas de los Estados Unidos y del resto del mundo, el exilio cubano no es capaz de practicar los ejercicios de la democracia. No puede efectuar un proceso electoral, ni siquiera para sacar su propia representación. Muchos son los que hablan en nombre del exilio, interpretan sus intereses y dicen ser sus representantes. Otros son seleccionados para manejar los recursos de apoyo a la causa cubana, los que los pone por encima de los demás luchadores y les da una Patente de corso para definir estrategias y situar los recursos a los activistas en la Isla que se sometan a su voluntad. Debe hacerse una Auditoria dentro de Cuba para que se pueda comprobar quiénes y para qué reciben los recursos. Esa Auditoria podría demostrar que los equipos enviados a la oposición, un alto por ciento ya están en manos de la Seguridad del Estado y otros fueron vendidos a particulares como financiamiento para la salida del país. En Cuba actualmente, una convocatoria con todas las garantías para formar un gobierno provisional, con la ausencia total de los actuales gobernantes, sería imposible lograrse, porque, ¿quién elige a quién? Muchos estarían en mejor disposición, para descalificar al contrario, que en buscar la gobernabilidad. Muy pocos estarían en disposición de aceptar como válidas las recomendaciones de Máximo Gómez en la Proclama de Yaguajay. Urge a la oposición interna de Cuba hacerse políticamente creíble, desarrollar estrategias que la vinculen con las masas, ser sus protagonistas y asumir el riesgo que el momento impera. Hay que saturar la represión como estrategia de lucha, la prisión no puede ser un impedimento que frene las ansias de libertad. Si se quiere libertad hay que conseguirla allí donde falta. En los acuerdos migratorios firmados entre el Gobierno cubano y los Estados Unidos están contenidos los elementos que más benefician a los enemigos de la libertad de Cuba. La emigración como válvula de escape ha sido muy bien manejada por los grupos de interés. La intención de salida del país desmoviliza las fuerzas políticas, corrompe frecuentemente a los involucrados y desnaturaliza los propósitos de la lucha política. Los escenarios o teatros de operaciones no son los que te dan la razón moral para señalar los caminos de la Patria. No importa desde dónde y cómo se luche, pero esa lucha es la que asiste a la moral para intervenir en los designios de la Patria.
Los que hasta hoy ostentan el poder en Cuba se vanaglorian de su
triunfo, de los métodos violentos que utilizaron, del peligro para
sus vidas que corrieron, de los esfuerzos y riesgos que asumieron y
hasta instan a los que pretendan aventurarse a quitarle el poder,
asuman iguales riesgos y sacrificios. Eso significa que no existe
ninguna posibilidad de diálogo o mecanismo civilizado de
transferencia de poder en Cuba hasta tanto no se cambien las
circunstancias. La nomenclatura solo negociará el poder cuando se
vea en peligro inminente de perderlo y esas circunstancias son las
que hay que buscar, provocando la ingobernabilidad. No basta con identificar los problemas, si no hacer propuestas de cómo enfrentarlos. Las medidas pueden ser dolorosas y afectar los intereses de grupos o personas, lo que puede producir cierto rechazo para implementarlas, pero lo que sí es seguro, que de ignorarse, el proceso cubano no cambiará el rumbo histórico que ha tenido hasta estos momentos. En el proceso político cubano, debe empezarse por identificar los principales actores que tienen o pueden tener protagonismo en el proceso de cambio. El principal actor es el propio pueblo cubano, en el cual debe estar incluida la oposición interna, el Gobierno cubano actual, el Gobierno norteamericano y el exilio cubano en general. Identificados los actores, entonces debe comenzarse a definir el papel que deben jugar cada uno de ellos. La población tiene que jugar un papel decisivo, pero no bajo la retórica y las palabras de siempre, sino como participante activa, a la que hay que brindarle los métodos de lucha y ser guiada y compulsada por una verdadera oposición política con liderazgo, estoicismo y arrojo, que cree poder de convocatoria y capacidad movilizativa a través de la demanda social. Todo brote de insatisfacción social tiene que ser aprovechado y canalizado por los líderes de la oposición interna. Además, alentar aquellas demandas que surjan bajo estas nuevas circunstancias, aprovechando la represión, para con ella reforzar su liderazgo y su condición de representantes de una causa noble ante la sociedad. Es la manera de alcanzar una oposición genuina y romper el mito de que el único propósito de los opositores en Cuba es lograr la salida del país y recibir prebendas personales desde el exterior. Reconocer al Gobierno cubano actual, dentro de los protagonistas del cambio, es precisamente porque es él quien tiene que ceder el poder, pero al no contar con la voluntad política para hacerlo y una crisis sociopolítica que les obligue a buscar una salida negociada, entonces la estrategia consiste en desencadenar esa crisis política a partir de la exigencia social. El Gobierno norteamericano es uno de los actores más importantes de este conflicto, porque tiene la capacidad de interactuar y de hecho ya lo está haciendo con el actual Gobierno cubano. Además cuenta con las herramientas políticas y económicas para presionar el cambio, posibilidades reales, no las retóricas medidas que se profesan hasta ahora, sin voluntad política para implementar aquellas que se sabe, son las necesarias. El exilio cubano, a parir de su vértice político y organizacional tiene que comenzar a participar de la nueva estrategia de cambio, formando parte del nuevo tejido político que se vaya estructurando en la Isla y del cual tiene que ser su principal financista. Deben terminar esa excesiva fraternidad mediática, declaraciones de una supuesta y jugosa ayuda, que nunca llega y compromete los líderes internos con supuestos oscuros manejos de los recursos asignados.
Las recomendaciones propuestas tendrían que cumplirse, para que
cambie la actual dinámica del proceso cubano, encasillado en un
estancamiento o quietismo político que aterra. Tal parece que
hubiese un acuerdo informal de esperar la muerte de Fidel Castro,
con la cual y por mandato divino, todos devendríamos en presidentes.
Muchos creen que Barack Obama como presidente, con una varita mágica,
nos asignará la libertad de nuestra sufrida patria. Los sectores de la población más decididos a apoyar las demandas sociales siempre son los que menos tienen que perder: los marginados de las estructuras del poder. Los líderes de la oposición tienen que catalizar esas fuerzas como estrategia de lucha, para canalizar sus demandas sociales a través de sus nuevos representantes políticos, que son los encargados de emplazar como oposición la responsabilidad del Estado-Gobierno ante los ciudadanos. La oposición interna tiene que estructurarse institucionalmente como una sociedad paralela, sin esperar por las aprobaciones del gobierno que trata de sustituir. Tiene que construir el puente de formar gobierno mediante los mecanismos de elegibilidad. Los líderes de la oposición, que pretendan formar parte de la dirección política del país, tendrán que ganarse el prestigio y la representatividad, mediante el esfuerzo y el riesgo. No se puede pretender ser un gran líder, dentro de una cultura de caudillos, sin al menos, estar dispuesto a enfrentar la cárcel, si la causa se lo exige. La cárcel es la mejor estrategia de lucha, cuando se intenta saturar la represión. El régimen cubano no está en condiciones de asimilar un número desproporcionado de presos políticos. Por ello, hace uso excesivo de la intimidación para lograr la auto represión o hace uso del encarcelamiento selectivo y ejemplarizante, como suele decir en sus declaraciones públicas. La oposición interna tiene que reconsiderar cuáles son las acciones de una oposición real. La oposición, que es la contraparte del poder ejecutivo, del gobierno en el poder, encargado de la administración del Estado, entonces sabe que su poder de convocatoria radica en cuestionar dicha administración y ofrecer como alternativa las soluciones que esa Administración no ha podido garantizar. Con esa estrategia, la izquierda ha mantenido su capacidad moviliza durante el tiempo y las circunstancias. Entonces la oposición cubana tiene que convertirse en astilla de su propio palo y sin abrazarse a la izquierda como ideología, si a sus estrategias de lucha. Una lucha cívica contra la pena de muerte, sería muy importante, pues identifica al régimen con una práctica desaprobada por la izquierda internacional y lo deshabilita de su principal arma de intimidación y represión real. La nueva dirigencia opositora tiene que trazar las directrices que deben implementarse, para adelantar el proceso democrático que ella viene liderando. Tiene que demostrar la ineficiencia de métodos y acciones que perjudican directa e indirectamente el proceso, como el mal funcionamiento de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, la pobre recepción de la señal de Radio y Televisión Martí y la ineficaz utilización de los fondos para Cuba de las Agencias norteamericanas. Las denuncias conforman la primera etapa en el proceso de desmonte de un régimen totalitario. La falta de medios para divulgarse impone que se dirijan hacia el exterior y además, con ello se evita un mayor enfrentamiento con los factores de la represión. La nueva estrategia infiere seguir las denuncias hacia el exterior, pero a la vez distribuirlas en toda la Isla, incluyendo las estructuras gubernamentales. Los hechos que sustentan las denuncias, son precisamente, los que tienen que protagonizar la agitación política en virtud de las demandas sociales. La oposición tiene que convertirlos en su bandera de lucha como representante y defensora de la justicia social. Abogar por derechos y libertades generales, sin estar determinados por hechos concretos, no motivan o movilizan a la población. No se puede buscar poder de convocatoria con celebraciones de fechas históricas, reuniones a puertas cerradas, marchas silenciosas o dádivas materiales como clientelismo político. No se puede aspirar a una gran masa opositora, mediante una subvención económica y material. Eso es realmente imposible, pero si se necesitan recursos financieros para desarrollar las logísticas internas: movilizaciones, transportación, comunicaciones, etc. También se necesitan recursos para asistir satisfactoriamente a los presos políticos y sus familiares y a los presos políticos sociales que muestren una consecuente posición contestataria al régimen desde las cárceles. La nueva estrategia contempla el surgimiento de un liderazgo nuevo, principalmente de jóvenes y con decisión propia, sin desconocer a los líderes históricos, que tienen el derecho de seguir implementando sus propias estrategias o sumarse a las nuevas iniciativas. Un liderazgo que tenga en cuenta, incluso la capacidad y condiciones físicas y mentales de sus cuadros. No se puede trabajar a todo riesgo y despecho del peligro que se impone, con líderes con severas limitaciones de salud, a no ser que estén dispuestos a entregar sus últimas energías a la causa en que creen y defienden. No se pueden convertir en una carga, que con sus quejas y lamentaciones debiliten o frenen la posición y los rigores de la lucha. La nueva oposición tiene que pasar de la declaración escrita, principalmente hacia el exterior, a la declaración pública y oral. Tiene que comenzar la guerra de los discursos, cualquier lugar y ocasión se presta para llevar el mensaje de una nueva república en libertad. En esos discursos deben estar presentes los líderes políticos y de la sociedad civil, apelando a las viejas demandas, que aún perduran en la memoria histórica de la sociedad cubana.
La primera muestra del inventario de la pobreza rural que se realizó
hace unos meses en Cuba, por algunas organizaciones de la incipiente
sociedad civil, demostró que persisten en el campesinado cubano
muchas de las condiciones sociales existentes antes de 1959 como la
pobreza extrema y problemas con la tenencia de tierra. Las
organizaciones de la nueva sociedad civil tienen que reclamar día a
día al gobierno que cumpla con la Reforma Agraria y la entrega de
tierras a los campesinos en propiedad, que nunca se ha realizado por
el presunto Gobierno Revolucionario. El Gobierno norteamericano, como política de Estado, tiene que tomar carta en el asunto, ya que no tiene la voluntad política de retirarse del conflicto y dejar a los cubanos que resuelvan su propio problema. La primera medida sería revisar los acuerdos migratorios, adecuar las visas a las normas generales de los Estados Unidos para el resto de los países y otorgar visa como refugiado para los que hayan cumplido sanciones de tres años o más por motivos políticos o religiosos. Las transmisiones de Radio y Televisión Martí deben ser sustituidas por espacios pagados en televisoras comerciales, potenciadas con repetidores situados convenientemente. Las informaciones recabadas para estos espacios podrían ser utilizadas, sin las restricciones que tienen las transmisiones de Radio y TV Martí que no pueden usar frecuencias de acceso abierto en territorio norteamericano. Además los cuantiosos fondos que malgastan estas emisoras bien podrían reinvertirse en una adecuada asistencia a la oposición interna, de forma pluralista y proyectos definidos, algo que no se hace en la actualidad. Las funciones de la Oficina de Intereses en apoyo de las libertades públicas e individuales tienen que interactuar con los líderes de la oposición, la sociedad civil y la prensa independiente en Cuba, para implementar estrategias que sean más efectivas. Ejemplo, el horario de máquina (acceso a las computadoras) debe ser extendido lo más posible y emitir señal abierta o Wireless para que un mayor número de personas tenga acceso a la red con sus laptop´s. La participación y coordinación de la asistencia al centro de Prensa y Cultura debe estar en manos de personal seleccionado por los funcionarios norteamericanos. Los servicios de la Oficina de Intereses, incluso los de computación deben recibir más recursos, para que se puedan sacar copias de documentos a mayor escala, copiar y transmitir audio y video y bajar archivos de fotos y otras publicaciones, si el caso lo sugiere. La diplomacia estadounidense debe coordinar esfuerzos para que otras sedes diplomáticas radicadas en Cuba brinden servicios de libre acceso a Internet, tanto en sus embajadas como en sus respectivos consulados. En dichos centros se podrían coordinar los servicios de información y comunicación entre las provincias y el exterior, muchas veces aisladas por diferentes motivos, transporte, recursos financieros, etc. El gobierno de Barack Obama debe a su Orden Ejecutiva, para suspender las restricciones de viajes y remesas a Cuba, añadir otras prerrogativas como la autorización de los vuelos para las Aerolíneas regulares norteamericanas, lo que eliminaría una serie de trámites de Agencias de Viajes que lucran con la problemática cubana.
La nueva Orden Ejecutiva de Obama debe añadir además: la venta de
medicinas, alimentos, materiales de construcción e insumos
agropecuarios a los productores privados directamente, en igualdad
de condiciones como las que disfruta actualmente el gobierno cubano.
La reanudación de los acuerdos migratorios, siempre que sea record
público los datos de los solicitantes, que permita la verificación y
fiscalización de los beneficiarios, para asegurar que individuos con
antecedentes delictivos o represores consagrados del régimen cubano
obtengan visa bajo estos programas. Aunque lo más recomendable seria
la abolición total del acuerdo migratorio Algunos casos de actualidad ilustran esta situación. El concierto de Pablito FG con Manolín, el Médico de la Salsa, ha sido mal manejado. Si desde el punto de vista legal no es posible evitarlo y tampoco el efecto de la propaganda, entonces debe emplazarse a Manolín y a sus promotores para que donen parte de sus ganancias para apoyar a los presos políticos, las Damas de Blanco o instituciones culturales independientes dentro de la Isla. No pueden ser menos cubanos y menos artistas que Willy Chirino y otros, que han puesto su música al servicio de la causa cubana. Los líderes políticos del exilio tienen que tener la capacidad de convertir aquellas medidas que aparentemente no beneficien la causa de la libertad, en aliadas de ella. La libertad de viajar a Cuba debe ser aprovecha para que los comprometidos políticamente con la libertad de nuestro país lleven ayuda a nuestros luchadores democráticos. No se justifica, que con 6 mil visas al año para refugiados políticos durante los últimos 10 años y una comunidad exiliada de casi tres millones de cubanos y sus descendientes tengamos que pagarles a agencias y mulas indecorosas cifras monetarias para que lleven la ayuda a la oposición interna en Cuba
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