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AYUDANDO AL PUEBOLO CUBANO


"Acuérdate de los presos como si tú también lo estuvieras: Hebreos 13-3 "

 

Sin reflexiones seguimos sin cambios en Cuba
Cuba - Puerto Rico  Enero 8, 2009


En agosto del 2007, el Partido Cubano de Renovación Ortodoxa radicado en Cuba y la organización humanitaria Operación Liborio radicada en Puerto Rico, emitieron un documento donde se recogían una serie de iniciativas que podrían desencadenar los cambios políticos necesarios en Cuba. En su preámbulo, se vaticinaba que de no tenerse en cuenta las premisas planteadas en dicho documento, las consecuencias serían seguir arrastrando la realidad histórica que nos acompaña por los últimos 50 años.

Tal como se vaticinó
, al no cumplirse  ninguna de las premisas, el resultado no se hizo esperar, seguimos sin cambios en Cuba.  Sin embargo, nos asiste el deber de seguir recalcando en aquellas medidas que pensamos pueden acelerar dichos cambios, a la vez que exhortamos a que  si alguien tiene alguna mejor que la ponga práctica, de sus buenos resultados nos beneficiaríamos todos, los cubanos de fuera y de dentro. Todo nuestro país.

Un análisis del trabajo “Reflexiones para un cambio en Cuba” con fecha 8 agosto del 2007 nos señala que estamos políticamente en el mismo lugar, después de más de un año de su publicación. Y lo que es peor, arrastrando los mismos errores estratégicos en la lucha por la democracia en Cuba.
 
Las ausencias de elecciones primero, y un sistema truculento después en la selección de los que administran el poder,  han creado  todo un escepticismo en la población cubana.  La falta de una cultura democrática y el desconocimiento a las reglas del juego democrático han calado todos los estratos  de la sociedad.  Los individuos que luchan por la democracia se resisten a ponerla en práctica, cada cual se cree con el derecho a auto elegirse y cuando considera que le han coartado su derecho dentro de alguna organización, funda una nueva, muchas veces sin los elementos mínimos requeridos que justifiquen su razón de ser.

La oposición cubana por estas razones está muy fraccionada, sin capacidad para auto-regularse y por tanto, aunque tuviera la oportunidad, no cuenta con los mecanismos para formar gobierno. Un vacío de poder en Cuba pudiera ser el escenario perfecto para demostrar esta realidad. Realidad que se agudiza cada día, se extingue el poder generacional y no surge una oposición medianamente creíble y con representatividad social.  La justificación, la de siempre, un gobierno omnipresente y omnipotente que no permite que se creen las instituciones de gobernabilidad democrática.

Urge una oposición con líderes capaces de asumir riesgos, convencidos que sólo puede aspirar a héroe quien tiene espíritu de mártir y que esa condición es la que los hace diferente a los demás. Solo así conseguirán poder de convocatoria y representatividad ante las masas. Pero si la salida del país es la primera razón y motivación de nuestra oposición interna, eso desnaturaliza nuestra causa y nunca será una vía para la reivindicación social.

Significa que no debemos esperar por el líder o lo que es peor y dañino, cuestionar a los demás. Hay que tomar la iniciativa para materializar ese presunto líder que presumimos idealizar. Cada cual tiene el derecho y la posibilidad de poner en práctica su propio proyecto, su éxito dependerá de los resultados que logre en los objetivos trazados, no por su capacidad de descalificar los proyectos ajenos, sino por su habilidad en implementar sus propios proyectos.

Ese ilusionismo, de muchos integrantes de nuestra oposición interna y externa, que no hace falta salir a conquistar el poder es un gran error político. Esa idea de que por derecho propio, el poder les vendrá a sus manos, impide la conformación de estructuras de gobernabilidad. No es totalmente cierto que la falta de libertad sea la razón que impide estructurarse políticamente, como se podría justificar en la Isla. En el exilio, con todas las libertades civiles y políticas de los Estados Unidos y del resto del mundo, el exilio cubano no es capaz de practicar los ejercicios de la democracia. No puede efectuar un proceso electoral, ni siquiera para sacar su propia representación. Muchos son los que hablan en nombre del exilio, interpretan sus intereses y dicen ser sus representantes. Otros son seleccionados para manejar los recursos de apoyo a la causa cubana, los que los pone por encima de los demás luchadores y les da una Patente de corso para definir estrategias y situar los recursos a los activistas en la Isla que se sometan a su voluntad. Debe hacerse una Auditoria  dentro de Cuba para que se pueda comprobar quiénes y para qué reciben los recursos. Esa Auditoria podría demostrar que los equipos enviados a la oposición, un alto por ciento ya están en manos de la Seguridad del Estado y otros fueron vendidos a particulares como financiamiento para la salida del país.

En Cuba actualmente, una convocatoria con todas las garantías para formar un gobierno provisional, con la ausencia total de los actuales gobernantes, sería imposible lograrse, porque, ¿quién elige a quién? Muchos  estarían en mejor disposición, para descalificar al contrario, que en buscar la gobernabilidad. Muy pocos estarían en disposición de aceptar como válidas las recomendaciones de Máximo Gómez en la Proclama de Yaguajay.

Urge a la oposición interna de Cuba hacerse políticamente creíble, desarrollar estrategias que la vinculen con las masas, ser sus protagonistas y asumir el riesgo que el momento impera. Hay que saturar la represión como estrategia de lucha, la prisión no puede ser un impedimento que frene las ansias de libertad. Si se quiere libertad hay que conseguirla allí donde falta.

En los acuerdos migratorios firmados entre el Gobierno cubano y los Estados Unidos están contenidos los elementos que más benefician a los enemigos de la libertad de Cuba. La emigración como válvula de escape ha sido muy bien manejada por los grupos de interés. La intención de salida del país desmoviliza las fuerzas políticas, corrompe frecuentemente a los involucrados y desnaturaliza los propósitos de la lucha política.

Los escenarios o teatros de operaciones no son los que te dan la razón moral para señalar los caminos de la Patria. No importa desde dónde y cómo se luche, pero esa lucha es la que asiste a la moral para intervenir en los designios de la Patria.

Los que hasta hoy ostentan el poder en Cuba  se vanaglorian de su triunfo,  de los métodos violentos que utilizaron, del peligro para sus vidas que corrieron, de los esfuerzos y riesgos que asumieron y hasta instan a los que pretendan aventurarse a quitarle el poder, asuman iguales riesgos y sacrificios. Eso significa que no existe ninguna posibilidad de diálogo o mecanismo civilizado de transferencia de poder en Cuba hasta tanto no se cambien las circunstancias. La nomenclatura solo negociará el poder cuando se vea en peligro inminente de perderlo y esas circunstancias son las que hay que buscar, provocando la ingobernabilidad.

En Cuba no hay crisis de poder, Raúl Castro no tiene porque arriesgarse en una apertura que nada se lo exige.  El gobierno de Raúl es creado a imagen y semejanza del de Fidel Castro, que tuvo un impresionante record 48 años  y sus métodos fueron muy efectivos, principalmente el de ganar tiempo. Hoy Raúl Castro nos pone a dormir nuevamente,  anunciando ciertas medidas, muchas de ellas que ya existen, como la entrega de tierras en usufructo y la construcción de viviendas por medios propios. Así como la disposición de dialogar con Barack Obama, algo que no tiene mínimas posibilidades de suceder, pero si sucediera, en qué cambiarían las cosas. Si soltaran algunos presos políticos, como un gesto para el intercambio por los cinco espías cubanos presos en Estados Unidos no sería solución alguna.  Nada será nuevo hasta que no cambie la tipificación de los delitos políticos del Código Penal cubano.

No basta con identificar los problemas, si no hacer propuestas de cómo enfrentarlos. Las medidas pueden ser dolorosas y afectar los intereses de grupos o personas, lo que puede producir cierto rechazo para  implementarlas, pero lo que sí es seguro, que de ignorarse, el proceso cubano no cambiará el rumbo histórico que ha tenido hasta estos momentos.

En el proceso político cubano, debe empezarse por identificar los principales actores que tienen o pueden tener protagonismo en  el proceso de cambio. El principal actor es el propio pueblo cubano, en el cual debe estar incluida la oposición interna, el Gobierno cubano actual, el Gobierno norteamericano y el exilio cubano en general. Identificados los actores, entonces debe comenzarse a definir el papel que deben jugar cada uno de ellos.

La población tiene que jugar un papel decisivo, pero no bajo la retórica y las palabras de siempre, sino como  participante activa, a la que hay que brindarle los métodos de lucha y ser guiada y compulsada por una verdadera oposición política con liderazgo, estoicismo y arrojo, que cree poder de convocatoria y capacidad movilizativa a través de la demanda social.

Todo brote de insatisfacción social tiene que ser aprovechado y canalizado por los líderes de la oposición interna. Además, alentar aquellas demandas que surjan bajo estas nuevas circunstancias, aprovechando la represión, para con ella reforzar su liderazgo y su condición de representantes de una causa noble ante la sociedad. Es la manera de alcanzar una oposición genuina y romper el mito de que el único propósito de los opositores en Cuba es lograr la salida del país y recibir prebendas personales desde el exterior.

Reconocer al Gobierno cubano actual, dentro de los protagonistas del cambio, es precisamente porque es él quien tiene que ceder el poder, pero al no contar con la voluntad política para hacerlo y una crisis sociopolítica que les obligue a buscar una salida negociada, entonces la estrategia consiste en desencadenar esa crisis política a partir de la exigencia social.

El Gobierno norteamericano es uno de los actores más importantes de este conflicto, porque tiene la capacidad de interactuar y de hecho ya lo está haciendo con el actual Gobierno cubano. Además cuenta con las herramientas políticas y económicas para presionar el cambio, posibilidades reales, no las retóricas medidas que se profesan hasta ahora, sin voluntad política para implementar aquellas que se sabe, son las necesarias.

El exilio cubano, a parir de su vértice político y organizacional tiene que comenzar a participar de la nueva estrategia de cambio, formando parte del nuevo tejido político que se vaya estructurando en la Isla y del cual tiene que ser su principal financista. Deben terminar esa  excesiva  fraternidad mediática, declaraciones de una supuesta y jugosa ayuda, que nunca llega y compromete los líderes internos con supuestos oscuros manejos de los recursos asignados.

Las recomendaciones propuestas tendrían que cumplirse, para que cambie la actual dinámica del proceso cubano, encasillado en un estancamiento o quietismo político que aterra. Tal parece que hubiese un acuerdo informal de esperar la muerte de Fidel Castro, con la cual y por mandato divino, todos devendríamos en presidentes. Muchos creen que Barack Obama como presidente, con una varita mágica, nos asignará la libertad de nuestra sufrida patria.

La población cubana, enajenada en su realidad, tiene que jugar un papel protagónico para el proceso de cambio, aprovechando y apoyando los focos de tensiones sociales. Siempre se cuestionan las cusas  y razones por qué la población cubana no se rebela contra el poder dictatorial. Sin embargo, eso es imposible de suceder, si no se crean las situaciones detonantes: la exacerbación de los  intereses individuales de los grupos sociales, víctimas directas de la irresponsabilidad  de los que administran  el poder. Este  es el mecanismo perfecto para entablar el conflicto de la ingobernabilidad ciudadana.

Los sectores de la población más decididos a apoyar las demandas sociales siempre son los que  menos tienen que perder: los marginados de las estructuras del poder.  Los líderes de la oposición tienen que catalizar esas fuerzas como estrategia de lucha, para canalizar sus demandas sociales a través de sus nuevos representantes políticos, que son los encargados de emplazar como oposición la responsabilidad del Estado-Gobierno ante los ciudadanos.

La oposición interna tiene que estructurarse institucionalmente como una sociedad paralela, sin esperar por las aprobaciones del gobierno que trata de sustituir. Tiene que construir el puente de formar gobierno mediante los mecanismos de elegibilidad.

Los líderes de la oposición, que pretendan formar parte de la dirección política del país, tendrán que ganarse el prestigio y la representatividad, mediante el esfuerzo y el riesgo. No se puede pretender ser un gran líder, dentro de una cultura de caudillos, sin al menos, estar dispuesto a enfrentar la cárcel, si la causa se lo exige. La cárcel es la mejor estrategia de lucha, cuando se intenta saturar la represión. El régimen cubano no está en condiciones de asimilar un número desproporcionado de presos políticos. Por ello, hace uso excesivo de la intimidación para lograr la auto represión o hace uso del encarcelamiento selectivo y ejemplarizante, como suele decir en sus declaraciones públicas.

La oposición interna tiene que reconsiderar cuáles son las acciones de una oposición real. La oposición, que es la contraparte del poder ejecutivo,  del gobierno en el poder, encargado de la administración del Estado, entonces sabe que su poder de convocatoria radica en cuestionar dicha administración y ofrecer como alternativa las soluciones que esa Administración no ha podido garantizar. Con esa estrategia, la izquierda ha mantenido su capacidad moviliza durante el tiempo y las circunstancias. Entonces la oposición cubana tiene que convertirse en astilla de su propio palo y sin abrazarse a la izquierda como ideología, si a sus estrategias de lucha. Una lucha cívica contra la pena de muerte, sería muy importante, pues identifica al régimen con una práctica desaprobada por la izquierda internacional y  lo deshabilita de su principal arma de intimidación y represión real.

La nueva dirigencia opositora tiene que trazar las directrices que deben implementarse, para adelantar el proceso democrático que ella viene liderando. Tiene que demostrar la ineficiencia de métodos y acciones que perjudican directa e indirectamente el proceso, como el mal funcionamiento de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, la pobre recepción de la señal de Radio y Televisión Martí y la ineficaz utilización de los fondos para Cuba de las Agencias norteamericanas.

Las denuncias conforman la primera etapa en el proceso de desmonte de un régimen totalitario. La falta de medios para divulgarse impone que se dirijan hacia el exterior y además, con ello se evita un mayor enfrentamiento con los factores de la represión. La nueva estrategia infiere seguir las denuncias hacia el exterior, pero a la vez distribuirlas en toda la Isla, incluyendo las estructuras gubernamentales.

Los hechos que sustentan las denuncias, son precisamente, los que tienen que protagonizar la agitación política en virtud de las demandas  sociales. La oposición tiene que convertirlos en su bandera de lucha como representante y defensora de la justicia social. Abogar por derechos y libertades generales, sin estar determinados por hechos concretos, no motivan o movilizan a la población. No se puede buscar poder de convocatoria con celebraciones de fechas históricas, reuniones a puertas cerradas, marchas silenciosas o dádivas materiales como clientelismo político.

No se puede aspirar a una gran masa opositora, mediante una subvención económica y material. Eso es realmente imposible, pero si se necesitan recursos financieros para desarrollar las logísticas internas: movilizaciones, transportación, comunicaciones, etc. También se necesitan recursos para asistir satisfactoriamente a los presos políticos y sus familiares y a los presos políticos sociales que muestren una consecuente posición contestataria al régimen desde las cárceles.

La nueva estrategia contempla el surgimiento de un liderazgo nuevo, principalmente de jóvenes y con decisión propia, sin desconocer a los líderes históricos, que tienen el derecho de seguir implementando sus propias estrategias o sumarse a las nuevas iniciativas. Un liderazgo que tenga en cuenta, incluso la capacidad y condiciones físicas y mentales de sus cuadros. No se puede trabajar a todo riesgo y despecho del peligro que se impone, con líderes con severas limitaciones de salud, a no ser que estén dispuestos a entregar sus últimas energías a la causa en que creen y defienden. No se pueden convertir en una carga, que con sus quejas y lamentaciones debiliten o frenen  la posición y los rigores de la lucha.

La nueva oposición tiene que pasar de la declaración escrita, principalmente hacia el exterior, a la declaración pública y oral. Tiene que comenzar la guerra de los discursos, cualquier lugar y ocasión se presta para llevar el mensaje de una nueva república en libertad. En esos discursos deben estar presentes los líderes políticos y de la sociedad civil, apelando a las viejas demandas, que aún perduran en la memoria histórica de la sociedad cubana.

La primera muestra del inventario de la pobreza rural que se realizó hace unos meses en Cuba, por algunas organizaciones de la incipiente sociedad civil, demostró que persisten en el campesinado cubano muchas de las condiciones sociales existentes antes de 1959 como la pobreza extrema y problemas con la tenencia de tierra. Las organizaciones de la nueva sociedad civil tienen que reclamar día a día al gobierno que cumpla con la Reforma Agraria y la entrega de tierras a los campesinos en propiedad, que nunca se ha realizado por el presunto Gobierno Revolucionario.

La oposición tiene que reclamarlo todo, y ahí estaría su poder de convocatoria, desde las tierras para el campesino, la vivienda, tanto en derecho como física, el transporte, los servicios, incluyendo la electricidad, el agua, las comunicaciones incluyendo la Internet, la alimentación y hasta aquella viaja demanda de los principios del siglo pasado, el desayuno escolar.

El Gobierno norteamericano, como política de Estado, tiene que tomar carta en el asunto, ya que no tiene la voluntad política de retirarse del conflicto y dejar a los cubanos que resuelvan su propio problema. La primera medida sería revisar los acuerdos migratorios, adecuar las visas a las normas generales de los Estados Unidos para el resto de los países y otorgar visa como refugiado  para los que hayan cumplido sanciones de tres años o más por motivos políticos o religiosos.

Las transmisiones de Radio y Televisión Martí deben ser sustituidas por espacios pagados en televisoras comerciales, potenciadas con repetidores situados convenientemente. Las informaciones recabadas para estos espacios podrían ser utilizadas, sin las restricciones que tienen las transmisiones de Radio y TV Martí que no pueden usar frecuencias de acceso abierto en territorio norteamericano. Además los cuantiosos fondos que malgastan estas emisoras bien podrían reinvertirse en una adecuada asistencia a la oposición interna, de forma pluralista y proyectos definidos, algo que no se hace en la actualidad.

Las funciones de la Oficina de Intereses en apoyo de las libertades públicas e individuales tienen que interactuar con los líderes de la oposición, la sociedad civil y la prensa independiente en Cuba, para implementar estrategias que sean más efectivas. Ejemplo, el horario de máquina (acceso a las computadoras) debe ser extendido lo más posible y emitir señal abierta o Wireless para que un mayor número de personas tenga acceso a la red con sus laptop´s. La participación y coordinación de la asistencia al centro de Prensa y Cultura debe estar en manos de personal seleccionado por los funcionarios norteamericanos. Los servicios de  la Oficina de Intereses, incluso los de computación deben recibir más recursos, para que se puedan sacar copias de documentos a mayor escala, copiar y transmitir audio y video y bajar archivos de fotos y otras publicaciones, si el caso lo sugiere.

La diplomacia  estadounidense debe coordinar esfuerzos para que otras sedes diplomáticas radicadas en Cuba brinden servicios de libre acceso a Internet, tanto en sus embajadas como en sus respectivos consulados. En dichos centros se podrían coordinar los servicios de información y comunicación entre las provincias y el exterior, muchas veces aisladas por diferentes motivos, transporte, recursos financieros, etc.

El gobierno de Barack Obama debe  a su Orden Ejecutiva, para suspender las restricciones de viajes y remesas a Cuba, añadir otras prerrogativas como la autorización de los vuelos para las Aerolíneas regulares norteamericanas, lo que eliminaría una serie de trámites de Agencias de Viajes que lucran con la problemática cubana.

La nueva  Orden Ejecutiva de Obama debe añadir además: la venta de medicinas, alimentos, materiales de construcción e insumos agropecuarios a los productores privados directamente, en igualdad de condiciones como las que disfruta actualmente el gobierno cubano.

La divulgación pública y detallada de los fondos que reciben las diferentes organizaciones para apoyar a la oposición interna y los representantes de la sociedad civil en Cuba. Así como un reporte de gastos y resultados obtenidos con el presupuesto asignado. Así como crear mecanismos de supervisión y auditoria, mediante los cuales se puedan dilucidar las inquietudes y canalizar de quejas en la utilización de dichos fondos.

La reanudación de los acuerdos migratorios, siempre que sea record público los datos de los solicitantes, que permita la verificación y fiscalización de los beneficiarios, para asegurar que individuos con antecedentes delictivos o represores consagrados del régimen cubano obtengan visa bajo estos programas. Aunque lo más recomendable seria la abolición total del acuerdo migratorio

El exilio, militante políticamente, no puede perder el foco de su responsabilidad histórica. Aunque no cuenta con una estructura que le permita tomar acciones coordinadas, si cada individuo debe estar preparado para actuar en concordancia a sus principios de origen. La inteligencia del Gobierno cubano utiliza el marco legal y los espacios de libertad, de los países donde está radicada gran parte de la comunidad cubana, para crear cizañas, divisiones y ocupar los medios y el tiempo en asuntos que se alejan de su principal objetivo, los concernientes a la libertad de Cuba.

Algunos casos de actualidad ilustran esta situación. El concierto de Pablito FG con Manolín, el Médico de la Salsa,  ha sido mal manejado. Si desde el punto de vista legal no es posible evitarlo y tampoco el efecto de la propaganda, entonces debe emplazarse a Manolín y a sus promotores para que donen  parte de sus ganancias para apoyar a los presos políticos, las Damas de Blanco o instituciones culturales independientes dentro de la Isla. No pueden ser menos cubanos y menos artistas que Willy Chirino y otros, que han puesto su música al servicio de la causa cubana.

Los líderes políticos del exilio tienen que tener la capacidad de convertir aquellas medidas que aparentemente no beneficien la causa de la libertad, en aliadas de ella. La libertad de viajar a Cuba debe ser aprovecha para que los comprometidos políticamente con la libertad de nuestro país lleven ayuda a nuestros luchadores democráticos. No se justifica, que con 6 mil visas al año para refugiados políticos durante los últimos 10 años y una comunidad exiliada de casi tres millones de cubanos y sus descendientes tengamos que pagarles a agencias y mulas indecorosas cifras monetarias para que lleven la ayuda a la oposición interna en Cuba


La paria como dijo Martí,
“es dicha de todos, y dolor de todos…”  

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