|
OPERACION LIBORIO/ |
AYUDANDO AL PUEBOLO CUBANO |
|
|
Reflexiones para un cambio en Cuba Declaración conjunta en fecha 8 de agosto, 2007: El fenómeno político cubano viene arrastrando un serio problema histórico, la crisis institucional y los conflictos electorales. Al extremo que, Fidel Castro, faltando al compromiso contraído en el Manifiesto de la Sierra, llega el momento que dice: “elecciones para qué”. Todo el proceso de estructuración de la llamada Revolución cubana, hasta su consolidación, se realizó sin celebrar elecciones. No fue hasta los principios de los años 90 que se realizó una especie de elecciones generales, presionados por la difícil coyuntura internacional, ya que Fidel Castro es del criterio que las revoluciones no se cuentan. Las ausencias de elecciones primero, y un sistema truculento después en la selección de los que administran el poder, han creado en la población cubana un escepticismo sobre la cultura democrática. El desconocimiento a las reglas del juego democrático ha calado todos los estratos de la sociedad, al extremo que los individuos que luchan por la democracia se resisten a ponerla en práctica. toda una cultura de incredibilidad en las elecciones como principal engranaje de la instauración de una sociedad. Cada cual se cree con el derecho a auto elegirse y cuando considera que le han coartado su derecho dentro de alguna organización, funda una nueva, muchas veces sin los elementos mínimos requeridos que justifiquen su razón de ser. La oposición cubana por estas razones está muy fraccionada, sin capacidad para autorregularse y por tanto, aunque tuviera la oportunidad, no cuenta con los mecanismos para formar gobierno. Un vacío de poder en Cuba pudiera ser el escenario perfecto para demostrar esta realidad. Realidad que se agudiza cada día, se extingue el poder generacional y no surge una oposición medianamente creíble y con representatividad social. La justificación, la de siempre, un gobierno omnipresente y omnipotente que no permite que se creen las instituciones de gobernabilidad democrática.
Si no surge una oposición, con líderes capaces de asumir riesgos,
convencidos que sólo puede aspirar a héroe, quien tiene espíritu de
mártir y que esa condición es la que los hace diferente a los demás,
dotándolo de poder de convocatoria y representatividad ante las
masas.
Ese ilusionismo político de muchos integrantes de nuestra oposición
interna y externa, de que no hace falta salir a conquistar el poder,
sino que por derecho propio el poder les vendrá a sus manos, impide
la conformación de estructuras de gobernabilidad. No es un problema
de falta de libertad para estructurarse, con lo que se podría
justificar el accionar en la Isla. En el exilio, con todas las
libertades civiles y políticas de los Estados Unidos y del resto del
mundo, el exilio cubano no es capaz de practicar los ejercicios de
la democracia. No puede efectuar un proceso electoral, ni siquiera
para sacar su propia representación. Muchos son los que hablan en
nombre del exilio, interpretan sus intereses y dicen ser sus
representantes. La situación no fuera tan grave, si el problema fuera del exilio solamente. En Cuba actualmente, una convocatoria con todas las garantías para formar un gobierno provisional, con la ausencia total de los actuales gobernantes, sería imposible lograrse, porque, ¿quién elige a quién? Todos estarían en mejor disposición, para descalificar al contrario, que en buscar la gobernabilidad. Incluso serían muy pocos los que estarían en disposición de aceptar como válidas las recomendaciones de Máximo Gómez en la Proclama de Yaguajay. Urge a la oposición interna de Cuba hacerse políticamente creíble, desarrollar estrategias que la vinculen con las masas, ser sus protagonistas y asumir el riesgo que el momento impera. Hay que saturar la represión como estrategia de lucha, la prisión no puede ser un impedimento que frene las ansias de libertad. Si se quiere libertad hay que conseguirla allí donde falta. En los acuerdos migratorios firmados entre el Gobierno cubano y los Estados Unidos están contenidos los elementos que más benefician a los enemigos de la libertad de Cuba. La emigración como válvula de escape ha sido muy bien manejada por los grupos de interés. La intención de salida desmoviliza las fuerzas políticas, corrompe a los involucrados y desnaturaliza los propósitos de la lucha política. Los escenarios o teatros de operaciones no son los que te dan la razón moral para señalar los caminos de la Patria. No importa desde donde y como se luche, pero esa lucha es la que asiste a la moral para intervenir en los designios de la Patria. Los que hasta hoy ostentan el poder en Cuba se vanaglorian de su triunfo, de los métodos violentos que utilizaron, del peligro para sus vidas que corrieron, de los esfuerzos y riesgos que asumieron y hasta instan a los pretendan aventurarse a conquistarlo, que asuman iguales riesgos y sacrificios a los que ellos realizaran para alcanzarlo. Eso significa que no existe ninguna posibilidad de diálogo o mecanismo civilizado de transferencia de poder en Cuba hasta tanto no se cambien las circunstancias que conminen a esos individuos de la nomenclatura a negociarlo por cuestiones de intereses, y esas circunstancias son las que hay que cambiar, provocando la ingobernabilidad. No basta con identificar los problemas, si no hacer propuestas de cómo enfrentarlos, por dolorosas que sean y como afecten los intereses creados, de grupos o personas. Las propuestas pueden tenerse en cuenta o no, incluso pueden ponerse en práctica u obviarlas, por los que tienen el poder para implementarlas, pero lo que si es seguro, que de ignorarse, el proceso cubano no cambiará el rumbo histórico que ha tenido hasta estos momentos. En el proceso político cubano, debe empezarse por identificar los principales actores que tienen o pueden tener protagonismo en el proceso de cambio. El principal actor es el propio pueblo cubano, en el cual debe estar incluida la oposición interna, el Gobierno cubano actual, el Gobierno norteamericano y el exilio cubano en general. Identificados los actores, entonces debe comenzarse a definir el papel que deben jugar cada uno de ellos. La población tiene que jugar un papel decisivo, pero no bajo la retórica y las palabras de siempre, sino como participante activa, a la que hay brindarle los métodos de lucha y ser guiada y compulsada por una verdadera oposición política con liderazgo, estoicismo y arrojo, que cree poder de convocatoria y capacidad movilizativa a través de la demanda social. Todo brote de insatisfacción social tiene que ser aprovechado y canalizado por los líderes de la oposición interna. Además alentar aquellas demandas que surjan bajo estas nuevas circunstancias, aprovechando la represión, para con ella reforzar su liderazgo y su condición de representantes de una causa noble ante la sociedad. Es la manera de alcanzar una oposición genuina y romper el mito de que el único propósito de los opositores en Cuba es lograr la salida del país y recibir prebendas personales desde el exterior. Reconocer al Gobierno cubano actual, dentro de los protagonistas del cambio, es precisamente porque es él quien tiene que ceder el poder, pero al no contar con la voluntad política para hacerlo y una crisis sociopolítica que les obligue a buscar una salida negociada, entonces la estrategia consiste en desencadenar esa crisis política a partir de la exigencia social. También hay que tener en cuenta al Gobierno cubano, porque sostiene el poder por la fuerza y esa fuerza en Cuba está dentro de las fuerzas armadas, que responden a los intereses del propio gobierno. El Gobierno norteamericano se inclina por una Junta Cívico Militar, que garantice la estabilidad social en Cuba y la seguridad nacional para los Estados Unidos. Todos los actores de este proceso, al menos a los que se les van a permitir participar, están de acuerdo que con ello se evitan algunos posibles excesos, ajustes de cuentas contra la nomenclatura y sus simpatizantes y lo que es más importe, respondería a los intereses de todos los implicados. El Gobierno norteamericano es uno de los actores más importantes de este conflicto, porque tiene la capacidad de interactuar y de hecho ya lo está haciendo con el actual Gobierno cubano. Además cuenta con las herramientas políticas y económicas para presionar el cambio, posibilidades reales, no las retóricas medidas que se profesan hasta ahora, sin voluntad política para implementar aquellas que se sabe, son las necesarias. El exilio cubano, a parir de su vértice político y organizacional tiene que comenzar a participar de la nueva estrategia de cambio, formando parte del nuevo tejido político que se vaya estructurando en la Isla y del cual tiene que ser su principal financista. Deben terminar esa excesiva fraternidad mediática, declaraciones de una supuesta y jugosa ayuda, que nunca llega y compromete los líderes internos con supuestos oscuros manejos de los recursos asignados. Las recomendaciones tendrían que cumplirse, para que cambie la actual dinámica del proceso cubano, encasillado en un estancamiento o quietismo político que aterra. Tal parece que hubiese un acuerdo informal de esperar la muerte de Fidel Castro, con la cual y por mandato divino todos devendríamos en presidentes.
Empecemos por categorizar las acciones y actitudes de los diferentes
actores, pero a la vez enunciaremos situaciones que se vinculan o
desprenden de las circunstancias que se relacionan. Los sectores de la población más decididos a apoyar las demandas sociales siempre son los que menos tienen que perder, los marginados de las estructuras del poder. Los líderes de la oposición tienen que catalizar esas fuerzas como estrategia de lucha, para que las personas, aunque de forma individual, pero como parte de la sociedad tengan como canalizar sus demandas sociales a través de sus nuevos representantes políticos, que son los encargados de emplazar como oposición la responsabilidad del Estado-Gobierno ante los ciudadanos. La oposición interna tiene que estructurarse institucionalmente como una sociedad paralela, sin esperar por las aprobaciones del gobierno que trata de sustituir. Tiene que construir el puente de formar gobierno, los mecanismos de elegibilidad y para ello tienen que convocar a la formación de un Consejo Electoral Preparatorio. Los líderes de la oposición, que pretendan formar parte de la dirección política del país, tendrán que ganarse el prestigio y la representatividad, mediante el esfuerzo y el riesgo. No se puede pretender ser un gran líder, dentro de una cultura de caudillos, sin al menos, estar dispuesto a enfrentar la cárcel, si la causa se lo exige. La cárcel es la mejor estrategia de lucha, cuando se intenta saturar la represión. El régimen cubano no está en condiciones de asimilar un número desproporcionado de presos políticos, por ello hace uso excesivo de la intimidación para lograr la auto represión o hace uso del encarcelamiento selectivo y ejemplarizante, como suele decir en sus declaraciones públicas. La oposición interna tiene que reconsiderar cuáles son las acciones de una oposición real. Si la oposición, que es la contraparte del poder ejecutivo, o sea del gobierno en el poder, encargado de la administración del Estado, entonces sabe que su poder de convocatoria radica en cuestionar dicha administración y ofrecer como alternativa las soluciones que esa Administración no ha podido garantizar. Con esa estrategia, la izquierda ha mantenido su capacidad moviliza durante el tiempo y las circunstancias. La nueva dirigencia opositora, tiene que trazar las directrices que deben que implementarse, para adelantar el proceso democrático que ella viene liderando. Tiene que demostrar la ineficiencia de métodos y acciones que perjudican directa e indirectamente el proceso, como el mal funcionamiento de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, la pobre recepción de la señal de Radio y Televisión Martí y la ineficaz utilización de los fondos para Cuba de las Agencias norteamericanas. Las denuncias conforman la primera etapa en el proceso de desmonte de un régimen totalitario. La falta de medios para divulgarse impone que se dirijan hacia el exterior y además, con ello se evita un mayor enfrentamiento con los factores de la represión. La nueva estrategia infiere seguir las denuncias hacia el exterior, pero a la vez distribuirlas en toda la Isla, incluyendo las estructuras gubernamentales. Los hechos que sustentan las denuncias, son precisamente, los que tienen que protagonizar la agitación política en virtud de las demandas sociales. La oposición tiene que convertirlos en su bandera de lucha como representante y defensora de la justicia social. Abogar por derechos y libertades generales, sin estar determinados por hechos concretos, no motivan o movilizan a la población. No se puede buscar poder de convocatoria con celebraciones de fechas históricas, ni dádivas materiales, como clientelismo político. No se puede aspirar a contar con una gran masa opositora mediante una subvención económica y material. Eso es realmente imposible e infuncional, pero si se necesitan recursos financieros para desarrollar las logísticas internas: movilizaciones, transportación, comunicaciones, etc. También se necesitan recursos para asistir satisfactoriamente a los presos políticos y sus familiares y a los presos políticos sociales que muestren una consecuente posición contestataria al régimen desde las cárceles. La nueva estrategia contempla el surgimiento de un liderazgo nuevo, principalmente de jóvenes y con decisión propia, sin desconocer a los líderes históricos, que tienen el derecho de seguir implementando sus propias estrategias o sumarse a las nuevas iniciativas. Un liderazgo que tenga en cuenta, incluso la capacidad y condiciones físicas y mentales de sus cuadros. No se puede trabajar a todo riesgo y despecho del peligro que se impone, con líderes con severas limitaciones de salud, a no ser que estén dispuestos a entregar sus últimas energías a la causa en que creen y defienden. No se pueden convertir en una carga, que con sus quejas y lamentaciones debiliten o frenen la posición y los rigores de la lucha. La nueva oposición tiene que pasar de la declaración escrita, principalmente hacia el exterior, a la declaración pública y oral. Tiene que comenzar la guerra de los discursos, cualquier lugar y ocasión se presta para llevar el mensaje de una nueva república en libertad. En esos discursos deben estar presentes los líderes políticos y de la sociedad civil, apelando a las viejas demandas, que aún perduran en la memoria histórica de la sociedad cubana.
El inventario de la pobreza que se viene realizando actualmente en
Cuba por parte de algunas organizaciones de la incipiente sociedad
civil ha demostrado que persisten en el campesinado muchas de las
condiciones sociales existentes antes de 1959 como la pobreza
extrema y problemas con la tenencia de tierra. Las organizaciones de
la nueva sociedad civil tienen que reclamar día a día al gobierno
que cumpla con la Reforma Agraria y la entrega de tierras a los
campesinos, que nunca se ha realizado por el presunto Gobierno
Revolucionario. El Gobierno norteamericano, como política de Estado tiene que tomar carta en el asunto, ya que no tiene la voluntad política de retirarse del conflicto y dejar a los cubanos que resuelvan su propio problema. La primera medida sería revisar los acuerdos migratorios, adecuar las visas a las normas generales de los Estados Unidos para el resto de los países, solo con prioridad para los que hayan cumplido sanciones de tres años o más por motivos políticos. Las transmisiones de Radio y Televisión Martí deben ser sustituidas por espacios pagados en televisoras comerciales, potenciadas con repetidores situados convenientemente. Las informaciones recavadas para estos espacios podrían ser utilizadas, sin las restricciones que tienen las transmisiones de Radio y TV Martí que no pueden usar frecuencias de acceso abierto en territorio norteamericano. Las funciones de la Oficina de Intereses en apoyo de las libertades públicas e individuales interactuando con los líderes de la oposición, la sociedad civil y la prensa independiente deben ser revisadas para que sean más efectivas. Ejemplo, el horario de máquina (acceso a las computadoras) debe ser extendido lo más posible, la participación y coordinación de la asistencia al centro de Prensa y Cultura debe estar en manos de personal seleccionado por los funcionarios norteamericanos. La diplomacia estadounidense debe coordinar esfuerzos para que otras sedes diplomáticas radicadas en Cuba brinden servicios de libre acceso a Internet, tanto en sus embajadas como en sus respectivos consulados. En dichos centros se podrían coordinar los servicios de información y comunicación entre las provincias y el exterior, muchas veces aisladas por diferentes motivos, transporte, recursos financieros, etc. Conclusiones: En política, los tiempos pueden ser sumamente largos, como también se pueden precipitar y frente a esa situación nos encontramos en Cuba en estos momentos. Una consolidación de las fuerzas en el poder actualmente, reorganizándose a partir de sus propios intereses podría retardar el proceso democrático indefinidamente. Esta posibilidad fundamenta la necesidad de implementar todo lo contenido en esta declaración, para presionar y desestabilizar las nuevas estructuras de sucesión y evitar con ello que se perpetúen en el poder. La precipitación de los acontecimientos, con la inminente muerte de Fidel Castro, avizora que el mínimo de fuerza que se necesita para sostener el poder tiene que venir del propio ejército cubano, pero de entrar en conflictos entre sí o con las actuales estructuras de poder y/o por conflictos propios de estas últimas, que ponga en peligro la estabilidad social, debe abogarse por una intervención inmediata de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas, que además de asegurar el orden, garantizan el proceso ordenado y bajo calendario de la instauración de las estructuras democráticas. El despliegue de las fuerzas de la ONU sería moralmente mejor aceptado y menos traumático que una intervención directa de los Estados Unidos. |