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CUBA EN JUEGO Y LIBERTAD.
Diosmel
Rodríguez Vega La Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estados y de Gobiernos, celebrada recientemente en la isla de Margarita, Venezuela dejó bien claro y determinante que la democratización de Cuba, o lo que es mejor, sacar a Fidel Castro del poder es tarea y responsabilidad única de los cubanos. Históricamente, y fue nuestro principal fracaso, pensar que era interés de gobiernos y fuerzas extranjeras la democión del Gobierno Cubano, poniendo en sus manos esperanza y responsabilidad. La vida nos demostró que en política a nadie le interesa el dolor ajeno y los intereses económicos o de grupos están por encima de la razón y la verdad. Ha sido fatal para nuestro pueblo ese compás de espera, el problema se ha prolongado tanto, que hemos sido arrastrados por la inercia del poder y un estado de reacomodo nos ha embargado a todos, aunque nunca llegásemos a perder el sentido de la libertad. La lucha política necesita algo más que el sentimiento o deseo de ser libre, tiene que estar precedida de ese pasionismo, que se convierte en una obsesión, donde el individuo lo da todo a nombre de la causa que defiende, se moviliza y moviliza las fuerzas necesarias y pone sus energías e inteligencia al servicio de su causa. Tantos factores negativos se han juntado alrededor de nuestra causa, que por acumulación, más la bien diseñada política totalitaria, nos han dejado sin la credibilidad real de cambios en Cuba por nuestra propia voluntad. No es menos cierto que se ha ganado un gran espacio en la lucha pacífica, pero algo muy peligroso se cierne sobre la oposición cubana: la falta de estrategia para seguir adelante y de una cultura de reacción individual como pueblo, que pueda desencadenar un estallido social espontáneo, sin necesidad de líderes.
El gobierno,
convencido de que no está obligado a conveniar el poder, no lo pone en
riesgo, por lo que no está dispuesto a permitir que las fuerzas
democráticas se estructuren de forma tal que pueden convertir el
descontento popular en un elemento de choque contra él mismo.
Poderosas razones económicas le asisten a personas y
gobiernos, que no le permiten tomar una posición vertical frente al caso
cubano, y a muchos hasta les conviene la ausencia de Cuba en diferentes
mercados, principalmente en el norteamericano.
¡Vaya Padre! Que
el Señor lo bendiga, si con su visita trae la justicia de Dios y la
comprensión de los hombres. |
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