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La bisocialización
Por: Diosmel Rodríguez

 

La bisocialización o desarrollo de una sociedad paralela es el mecanismo idóneo para desmontar de forma gradual y ordenada una sociedad totalitaria. Si tenemos en cuenta lo enunciado por Vaclav Havel en El Poder de los Sin Poder, podremos concluir que toda acción, incluso postotalitaria, necesita de un marco legal. Por tanto, la única forma de mostrar de manera virtual el verdadero rostro del totalitarismo es la competencia entre organizaciones afines con propósitos diferentes.

La fundamentación teórica de cualquier sistema, no contempla el reconocimiento implícito de métodos represivos y antidemocráticos.  Desde el punto de vista legal y constitucional trata de buscar una redacción filosófica que permita en nombre de algo la justificación de sus actos y siempre es en nombre de causas nobles y justas.

Por tanto toda actividad que tenga iguales prepósitos escapan del control judicial totalitarista, no obstante hay que cuidarse de la interpretación marxista de que la razón es la voluntad de la clase dominante hecha ley.

La creación de organizaciones de representación social con proyectos y objetivos concretos obliga a las fuerzas represivas a enfrentar la lucha social, por lo que se hacen antagónicas entre sí. El concepto de “lucha no violenta” no significa necesariamente la ausencia de confrontación, sino una lucha cuya causa  se justifique socialmente y conlleve a la saturación de la capacidad represiva.

La lucha no violenta o desobediencia civil no es más que la acción, que trata que con el menor riesgo ocupar la capacidad real de las fuerzas represivas.

Por ejemplo, un grupo de campesinos decide crear una cooperativa agropecuaria independiente del control estatal. Uno de ellos (aún miembro de la organización pro-estatal ANAP*) participa en su reunión ordinaria y plantea el proyecto. A muchos campesinos les pareció bien porque les da ciertas libertades por la que ellos individualmente siempre habían abogado. La directiva de la reunión carece de autonomía y poder de decisión y decide aplazar cualquier decisión,  previa consulta con los organismos superiores.

En la siguiente asamblea, a propuesta de la ANAP provincial y por recomendación del Partido Comunista, se solicita la expulsión del campesino de dicha organización. El funcionario designado por el Partido Comunista, que preside la reunión alega que este tipo de proyecto no se puede permitir porque conlleva al enriquecimiento de los campesinos y por tanto él, como fundador de la ANAP y del PCC, estaba vistiendo raídos pantalones y zapatos que orgullosamente mostraba en su total deterioro. 

Lo antes expuesto permite suponer que una política de recuperación moral y espiritual, con mínimos recursos, apoyada en el interés individual de las personas y su propia voluntad y deseo de superación arrebataría el poder de convocatoria y la capacidad movilizativa aparentemente en las manos del poder totalitario.

Estas voluntades convertidas en organizaciones sociales tienen la capacidad de presentar ante el gobierno la inquietud social de una forma diferente: como un reclamo, no como una preocupación que el régimen no se encuentra en disposición de cumplir. Ante el empuje de la Alianza Nacional de Agricultores Independientes de Cuba, el presidente de la oficialista Asociación Nacional de Agricultores Pequeños señaló: “No se trata de crear cooperativas de nuevo tipo, sino de cumplir política e ideológicamente con las cooperativas ya establecidas”.

La creación de la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales, una organización de la naciente Sociedad Civil, con un perfil regional, con su Capítulo Cuba, desmitifica el enfoque antagónico de grupos políticos interesados en el poder y aprovecha la unidad de acción ante problemas comunes de la mujer. Esto obliga al régimen totalitario a poner su organización representativa en acción, la Federación de Mujeres Cubanas, que ha salido a buscar el espacio social que nunca había tenido.

La campaña y representación de la mujer rural por la FLAMUR obligó a los medios oficiales de prensa a tratar el tema y falsear la información. Destacando un trabajo previo con proyectos nunca conocidos, como el Proyecto Mariposa, curiosamente en Loma del Gato, donde surgió la primera cooperativa agrícola independiente. Hoy la FLAMUR está trabajando con las necesidades sociales en la base, con talleres de costura y cosmetología, y llevando una campaña permanente bajo el nombre de: “Para un Príncipe Enano”, que consiste en ayudar a las mujeres campesinas a confeccionar sus canastillas para su próximo bebé.

La ineficiencia de la Economía Centralizada ha sido objeto de disímiles señalamientos, la agricultura estatal ha sido arduamente cuestionada, se le califica de voluntarista y de decisiones políticas, sin una respuesta técnica. La naciente Sociedad Civil se encuentra o hereda este mal, entonces tiene que estructurarse en busca de una solución. Así surge el Centro Nacional de Estudios e Investigaciones Agrícolas, una organización académica sin ataduras políticas, que comienza a brindar recomendaciones a partir de una etapa evaluativa de la realidad existente.

El gran error en la lucha contra los regímenes totalitarios es que se ha centrado en la Silla Presidencial, algo muy difícil de conseguir, porque se sustentan en una aparente amplia base social. Sin embargo, la mayor debilidad de estos regímenes radica en la gran insatisfacción social que producen y que es imprescindible catalizar.

Las organizaciones paralelas deben centrar sus iniciativas en la detección de las necesidades acumuladas, ponerlas en relieve y comenzar a exigir su cumplimiento, algo en nada diferente a las luchas de los movimientos de izquierda, con la única diferencia de que la solución de las mismas no depende de medidas socialistoides, sino de mecanismos económicos ya probados.

La mala interpretación de este método ha llevado confundir la estrategia de lucha con la forma de gobierno, aplicándose la teoría del “cubo de cangrejos”, y es la razón por la que los regímenes totalitarios duran tanto tiempo y sus cambios nunca pueden ser desde abajo hacia arriba. Ellos se encargaron bien de tenerlo en cuenta a la hora de diseñar el sistema que preconizan y sus adversarios hasta llegan a imitarlos, pues casi siempre persiguen el mismo objetivo: el poder.

El desarrollo de una sociedad paralela, que no esté bajo el control del poder implica una gran toma de conciencia social, cuando el representado interpreta que su prioridad es la solución de sus problemas, casi siempre de un gran contenido material, sometidos por tanto tiempo a tantas limitaciones.

¿Cómo se logra hacer entender a las masas que hay que identificar al responsable de la administración política, económica y social, para exigirle su obligación de cumplimiento, si durante años se le ha hecho creer que el Estado es el único sustento, apoyado en sus oficialistas instituciones? Hay que empezar por crear nuevas estructuras económicas que sí respondan a los intereses de los asociados, con resultados económicos favorables y cuya formación no dependa de la voluntad de la clase gobernante. Bajo esta premisa se funda en Cuba el movimiento de cooperativas agropecuarias independientes.

Sólo la bisocialización tiene la capacidad de competir con las organizaciones políticas y de masas, para empezar a actuar en forma diferente -en realidad como en teoría deberían actuar las organizaciones artificialmente creadas por los gobiernos de los regímenes totalitarios.

Cuando el gobierno totalitarista, para dar una imagen de correspondencia entre la teoría y la práctica, compite con las organizaciones de la naciente Sociedad Civil, pasa a la defensiva y desde ya el régimen totalitario no es absoluto.

El desarrollo de la sociedad civil paralela o la bisocialización logra cierto poder de convocatoria que se traduce en una posterior capacidad movilizativa, poniéndola en posibilidad de conminar al poder al diálogo, porque anteriormente a la creación de estas condiciones el poder de los regímenes totalitarios no está en la necesidad de negociar un poder que no está en riesgo. Pedírselo es una utopía.

Al organizarse la sociedad paralela, las nuevas organizaciones no deben perder el enfoque y dejarse arrastrar por los mismos fenómenos que le dieron origen, la politización de la sociedad, sin defender su perfil o razón de ser. La formación de una sociedad civil es un fenómeno silente, que arroja poco protagonismo, a diferencia de las acciones políticas; ésa es una de las causas por las que quienes pueden o deben brindar apoyo se retraen un tanto de ello. 

Donde existen regímenes totalitarios en la actualidad estas variantes no se han cumplido y donde se derrumbaron no fueron por estas causas, razones por lo que sus transiciones han sido un tanto traumáticas desde el punto de vista social.  En muchos casos las fuerzas de izquierda han retornado al poder, porque el espacio de la llamada justicia social ha quedado vacío.

Los mecanismos de formación de opinión, como la prensa, la radio, la televisión, han sustentado toda una cultura de dependencia del Estado, por eso por ley se establece que los medios de divulgación masiva no pueden estar fuera del control estatal. En la búsqueda de alternativas, para cambiar el estado de cosas en un régimen totalitario como el de Cuba ha surgido un fenómeno nuevo, la llamada prensa independiente.

Sin embargo, este tipo de prensa confronta un gran problema: como mecanismo de autodefensa y protección contra las leyes establecidas, como la Ley 88 para impedir la libre expresión, la divulgación se hace hacia el exterior. El régimen un tanto que lo tolera, ya que si por un lado permite que se conozca cierta cantidad de verdad, también le otorga el beneficio de aparentar cierto ejercicio de libertad de expresión.

No obstante, si la prensa independiente ha logrado ir fortaleciendo el valor cívico individual, no ha logrado convertir su esfuerzo en un periodismo social, que emplace al totalitarismo de frente, ante sus representados.

El tener su apoyo logístico de divulgación desde el exterior la descalifica un tanto en su verdad, aunque no en su razón, pero da la impresión de que sus  servicios sólo tienen intereses foráneos. No obstante su proyección internacional obliga a la nomenclatura a declinar su responsabilidad hacia los cuadros intermedios, para salvar su imagen y cuando esto sucede el periodismo independiente cumple en parte con su gestión social, por tanto los periodistas independientes tienen que utilizar los mecanismos internos de divulgación y representación para que desde todos los ángulos y posiciones minar las fuerzas internas del régimen en su contexto nacional.

El sistema no es monolítico en sí, y la presencia cívica de lo que por naturaleza no se concibe existir desmoraliza a las personas en su forma individual, aunque de conjunto conformen el poder.

Otro mecanismo importante a utilizar son las llamadas bibliotecas independientes, donde se pueden acumular artículos relacionados con la situación social de cada lugar y de análisis nacional, porque las fuerzas internas son las únicas que tienen la capacidad y la responsabilidad de hacer cambiar las cosas.

Los sindicatos, que dentro de una sociedad civil tienen un papel tan protagónico, en los regímenes totalitarios el sector obrero es una de las fuerzas mejor utilizadas. La dependencia económica es un medio de control político, por tanto cualquier inquietud obrera se transforma en una situación política que conduce a la separación del puesto de trabajo por no idoneidad.

La intención de crear la sociedad paralela en un gobierno de corte totalitario conllevó a crear sindicatos independientes, que en algunos lugares como Polonia dieron un resultado positivo con el sindicato Solidaridad. Tal vez inspirado en el mismo caso, en Cuba se han creado los sindicatos independientes, una fuerza política de oposición, pero sin un verdadero fundamento gremial. En los litigios auspiciados por la ILO con respecto a las violaciones del gobierno cubano sobre el derecho a la libertad sindical, éste argumenta que los sindicatos independientes no representan masa laboral alguna, que no tienen vínculo laboral, por tanto no constituyen sindicatos.

Ante esta situación surge la necesidad de aglutinar pequeñas fuerzas vinculadas a sectores vulnerables por las violaciones laborales, con incidencia en instituciones que conlleven a entablar demandas y solicitar la formación de sindicatos dentro de esas corporaciones internacionales que operan con fuerza de trabajo cubana. Sólo así adquirirá un papel relevante la lucha sindical dentro de la bisocialización.

Los regímenes totalitarios no son solamente fuertes en sí mismos, porque hasta en esto podría llegar a considerarse que no son dependientes de sus propias fuerzas, ni de sus métodos represivos, sino que se retroalimentan de fuerzas externas que responden inclusive a otros intereses que no son necesariamente los de los regímenes totalitarios, pero sí aprovechan la fuerza de sus ventajas.

Ambas fuerzas se complementan para justificar la razón de uno y del otro, apoyándose en la llamada justicia social, algo que no le interesa ni a uno ni al otro, pero es la base justificativa de la actuación de ambos.

Cuando hablamos de fuerza externas nos referimos a los llamados movimientos sociales, medios de prensa y hasta líderes políticos y religiosos que radican en países democráticos, que aprovechan sus discrepancias con el medio donde radican y se confabulan con los gobernantes totalitaristas para hacerse notar.

Es un error alejarse de estos grupos por la repulsión que causan, ya que los mismos, para subsistir en su sociedad, deben mantener una apariencia relativamente consecuente con ella y hasta allí hay que llevar el reclamo de las necesidades de la naciente sociedad civil, que debe surgir estructurada, con proyectos concretos que denoten la seriedad y viabilidad de su ejecución.

Nunca tratar de convencer a estos grupos de su equivocación filosófica porque en realidad en esos grupos su concepción es figurada, sólo hay que comprometerlos con su obligación de actuar a favor de la justicia. Si se logra, se les ha robado la iniciativa en su demagoga retórica.

Se ha llegado a considerar que uno de los grandes problemas de lucha política y social contra los regímenes totalitarios es la falta de financiamiento. Esto no deja de ser una verdad, porque desde el punto de vista logístico y material, hay una marcada diferencia entre las fuerzas del gobierno y la población.

Nota: Este artículo forma parte del libro Antídoto de totalitarismo, pero en una versión especial  referida al caso cubano.