PARTIDO CUBANO DE RENOVACIÓN ORTODOXA

                 

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La tercera opción
 
por Diosmel Rodríguez

MIAMI, enero - Aunque siempre se dice que sólo existen dos posiciones determinantes, valdría bien la pena en la estrategia política del caso cubano buscar una tercera opción.

No cabe dudas que las dos posiciones hasta ahora mantenidas, por justificadas que estén, en la práctica no han aportado los resultados deseados.

No se trata de duros o dialogueros, ni siquiera de una posición intermedia, se trata de rediseñar una oposición organizada y creíble, con un discurso coherente, con alternativas y capacidad para formar gobierno. Capaz de ser tenida en cuenta a la hora de analizar o tomar decisiones sobre Cuba, inclusive por parte de gobiernos e instituciones extranjeras.

Un peligro inminente se cierne sobre nuestra causa, el tiempo vuela, las circunstancias se aproximan y no somos capaces de organizarnos. Sin embargo, las estructuras de poder del gobierno cubano se desploman y se reconvierten. Muchos en forma de disidentes son los nuevos trepadores, otros, desde una aparentemente ingenua posición netamente económica se enmascaran y aguardan el momento del cambio.

Nuestra verdad es amarga, pero es nuestra verdad. Si no tomamos conciencia de nuestra realidad, el cambio nos va a sorprender y los intereses menos genuinos son los que participarán de él. No podemos ser de nuevo los mambises en el 2000, tenemos que imponer que la situación de los cubanos es nuestra pura responsabilidad y las soluciones tienen que ser a la cubana.

No podemos olvidar la importancia de los que ostentan el poder, inclusive a la hora del cambio, porque en realidad son los que tienen que asumir esa voluntad. Para algunos sería mucho más fácil negociarlo con ellos porque, de hecho, están en el poder y obligatoriamente tendrían que participar en este cambio. Así, rojos y verdes encontrarían solución a su manera, en nombre de Dios, mientras el esfuerzo, el llanto y el sacrificio de muchos quedaría de nuevo en la manigua.

Tres fuerzas muy importantes giran alrededor de la problemática cubana, hasta los comunistas participan de ella, y con mucha importancia, porque son parte del problema. Entonces no nos queda más remedio que convertir la oposición realmente en parte del problema también.

Tenemos que dar la batalla por nuestros derechos, dentro y fuera de la Isla, no podemos resignarnos a vivir como emigrantes, hay que imponer la voluntad de volver y luchar por la vida política de nuestro país. Tal vez esta idea se vea utópica e irrealizable, pero en ello radica el lugar que ocupamos, bajo la vergüenza de llevar como estrategia la muerte de Fidel Castro como única solución a nuestros males, sin pensar que aún con su muerte en el poder, se alzaría con la victoria, dejando el país en el caos por no estar organizadas las fuerzas democráticas para ocupar el lugar que les corresponde en una sociedad civil y un estado de derecho.

Para esto se necesita una Oposición Interna más dinámica y participativa, con técnica de procedimientos que le permita ampliar el espacio recorrido. Consciente que la represión será el costo político que deba pagar el gobierno ante su empuje, pero será la única forma de hacerse valer y tenerse en cuenta para empeños mayores en momentos determinantes.

Deben crearse y fortalecerse las instituciones internas que dentro del país sean capaces de movilizar las fuerzas vivas de la sociedad en pro de los intereses que defienden, inclusive ante posibles maniobras o manipulaciones a la hora del cambio.

La Oposición debe ganarse la confianza de la sociedad, ser capaz de representarla y tanto la de dentro como la de fuera del país sean consideradas psicológica y espiritualmente por nuestro pueblo con iguales derechos y sanos propósitos, porque de lo contrario sería mejor visto y con más posibilidades un reformista de la nomenclatura oficial que un digno y abnegado luchador.