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La
estrategia
del momento
Por: Diosmel Rodríguez
Miami, Mayo 19, del 2003
Preámbulo:
Los
regímenes totalitarios por su propia filosofía se imponen por la
violencia, por su condición totalitaria cuentan con un poder
ejecutivo, altamente operativo y centralizado, con autonomía
absoluta en sus decisiones. Cuentan con un poder económico ilimitado
y a su vez son centros de los mecanismos de propaganda, pues forman
parte de los que se oponen a un orden mundialmente establecido, ya
sea político, religioso, social y hasta de
la
propia naturaleza, que incluye la inconformidad sexual.
La suma
de todos estos factores, se convierte en una disidencia humana
bastante alta y aunque sigue siendo minoría, tiene sus
características específicas, flota sobre una gran mayoría que se
muestra muchas veces indolente, amorfa y en una inercia como
ignorando la realidad en el mundo que vive. La gran mayoría no
cuenta con los medios y elementos de fuerza o persuasivos para
cambiar la realidad, entonces cae como en una enajenación social,
que unas veces se hace cómplice y en otras víctima de la injusticia
humana.
Todos
estos elementos son bien conocidos y aprovechados por los regímenes
totalitarios, que le dan un fundamento científico y son dirigidos y
atendidos por un sofisticado aparato de inteligencia. Incluso hacen
alusión a principios contemplados en acuerdos y resoluciones
internacionales que deben ser enmendados, ya que en su espíritu y
esencia, no contemplan la protección a actitudes fuera del
raciocinio humano. Uno de esos enunciados establece que cada pueblo
tiene el derecho a elegir libremente el régimen político, económico
y social deseado, que ningún país puede intervenir en los asuntos
internos de otro. Entonces los regimenes de fuerza quedan patentados
para cometer todos los abusos y crímenes que el poder le otorga.
La
estrategia.
Los
regímenes totalitarios llegan al poder por la fuerza o se hacen de
ella, por tanto, para quitarlos se necesita igual o mayor cantidad
de fuerza. A la hora de diseñar la estrategia hay que tener bien en
cuenta estos elementos.
Los
gobiernos (incluyendo los totalitarios) administran el poder bajo la
prerrogativa de una auténtica justicia social, resolución de los
problemas prioritarios de la población y una preocupación e
interpretación absoluta de los intereses de los ciudadanos. No
necesariamente y casi nunca se cumplen estas prerrogativas.
Por
tanto como una reacción humana, ante la fuerza y la violencia, se
genera una acción igual, se imitan los métodos que llevaron al
opresor al poder y con ellos se trata de derrocar. Si el intento es
fallido, se cae en una inercia depresiva, colectivamente se les
considera invencible, aunque siempre quedarán acciones individuales
de rebeldía.
La
inquietud social y la libertad reprimida siempre generarán la
motivación suficiente para seguir buscando alternativas. Surge como
estrategia la lucha cívica no violenta y la desmitificación del
régimen como benefactor de la sociedad.
A la
reposta, los regímenes totalitarios convierten estos hechos en actos
constitutivos de delitos, que pueden ser penalizados a severas
condenas, incluyendo la pena de muerte. La única alternativa, según
el poder, y que es defendida por muchos, es la de una sumisión
incondicional, como única condición permitida y aceptada por el
régimen.
Ya
puesta en práctica las dos iniciativas tradicionales, enunciadas
anteriormente, sin alcanzar los objetivos propuestos, debe
reconsiderarse el problema como un fenómeno nuevo.
Para la
primera condición, la fuerza, no se cuenta con los requisitos
necesarios para conseguir el apoyo de quienes la poseen o no tienen
la voluntad política para emplearla.
La
segunda condición, la acción cívica y la conformación de un tejido
social, se necesita de un pequeño espacio o tolerancia para
estructurarse y actuar. Por tanto, después que estas actividades son
categorizadas por el régimen como un peligro inminente para el
control del poder, la reprime y pierden su valor estratégico.
Solidaridad, respeto y lástima.
La
estrategia de lucha ante los regímenes totalitarios, a despecho de
los despiadados que puedan ser, debe contemplar las acciones y
prácticas que se consideran mundialmente legítimas y normales. Sin
omisión de derechos, que las acciones represivas se conviertan en
prerrogativa del régimen que la establece, que hasta la prisión sea
parte de la estrategia de lucha, como una condición testifical y
documental de las características opresivas del régimen en el poder.
Siempre
una pequeñísima parte de la población es reprimida con acción
directa como la prisión. La represión en los regímenes totalitarios
es selectiva y se utiliza como mecanismo ejemplarizante, creando una
fobia política. Por tanto para superar el trauma social sobre la
represión y el miedo, se necesita de una fuerte campaña de
solidaridad práctica, que incluya desde la divulgación masiva del
caso, hasta la asistencia económica y social de las v’ictimas.
La
familia -como rehén político y económico- ha sido utilizada por los
regímenes de corte marxista, inclusive cuando se cae preso es muy
bien utilizada como elemento de presión, por tanto, parte de la
estrategia es hacer de la prisión política, una condición
privilegiada y meritoria, pero sobre todo de una importancia
estratégica determinante.
“Los
tiranos tienen una sola forma de ceder, enfrentándolos”, dijo José
Martí. Eso, si se hace de una forma justa y moral, pero sin caer en
lo ridículo. Los perdedores muchas veces inspiran lástima, pero no
respeto. Se ha visto en muchos casos que se han enfrentado a los
regímenes totalitarios con métodos humanos y su respuesta ha sido
agresiva, con un sentimiento animal, como monstruos han
contraatacado, como vimos en Venezuela y ahora en la Embajada Cubana
en Paris.
Al
final, la estrategia del momento.
La
estrategia siempre debe estar condicionada a las últimas
circunstancias La reacción internacional ante los fusilamientos de
tres jóvenes y el arresto de casi un centenar de comunicadores y
opositores pacíficos y representantes de la sociedad civil por parte
del gobierno cubano, que en muchos casos, ha sido objeto de
desaprobación a la medida. Debe aprovecharse este hecho y
convertirlo en la estrategia del momento.
La
oposición debe liderar un movimiento de reclamación concreta al
gobierno cubano, tanto dentro de la Isla como en el exterior,
evitando descaiga el reconocimiento y apoyo a la causa cubana, como
un derecho legítimo de su pueblo a establecer un orden de
coexistencia política y prosperidad nacional.
Por
tanto debe aumentarse la motivación y logística, sin ocultar
rostros y hechos, logrando una cobertura informativa que ponga en
evidencia, que las medidas ejemplarizantes no surtieron efecto y
buscar el aumento de la represión, tratando de saturarla y como
elemento catalizar de la solidaridad y respaldo a nuevas medidas,
incluyendo la de fuerza. Ante tal riesgo y el costo político, el
régimen puede debilitarse a favor de las fuerzas internas.
La
solidaridad debe partir de una campaña internacional que sensibilice
a las personas a favor del pueblo cubano y que incluya visitas a
Cuba de cuántas personas quieran cooperar, llevando ayuda
humanitaria a las familias de los prisioneros y a las familias que
prestan colaboración y logística de apoyo a los familiares de los
presos cuando se trasladan a cientos de kilómetros a visitarlos en
las cárceles.
Instrumentar nuevos proyectos de participación social, utilizando
las instituciones internacionales homólogas, para darle un carácter
independiente. Logrando que las necesidades sociales se conviertan
en dependientes de las gestiones de la nueva sociedad civil y no del
gobierno-estado.
Las
medidas de mayor impacto no dependen de decisiones personales o de
grupos, deben ser parte de política de Estado por parte de aquellos
gobiernos que tienen sus decisiones una repercusión directa sobre el
gobierno de Cuba. Emplazar a las autoridades cubanas, para que
cumplan las disposiciones tomadas en los distintos foros por
instituciones internacionales, mediante posiciones de fuerza, que
obliguen a tomar decisiones importantes en el escenario cubano,
recabando una vez más ante las Naciones Unidas la implementación de
la soberanía limitada. Instrumentar medidas populistas que
interfieran con el control totalitario y hacer cumplir los acuerdos
internacionales.
Estados
Unidos debe disponer de una Comisión de Inteligencia, que diseñe la
política hacia Cuba, sustentada en fundamentos de psicología
política y lucha social, sin influencia de grupos nacionales, que
reaccionan de acuerdo a sus intereses, sentimientos y emociones
acumuladas.
Conclusiones:
Todo lo
anterior expuesto no son elementos suficientes para cambiar un
régimen totalitario, por tanto hasta la fecha en Cuba, sólo se
podrán ir tomando acciones que vayan preparando un escenario
político que posibilite una toma de decisión ciudadana espontánea a
favor de un cambio político-social, cuando se produzca un hecho que
así lo requiera.
La
intuición de que hay un fuerte respaldo popular ante una acción de
cambio, puede motivar a integrantes de ciertos sectores, incluyendo
la fuerza armada, para luchar por el poder.
No se
producirán cambios sustanciales o radicales en un régimen
totalitario hasta que una fuerza mayor se le imponga, generalmente
debe venir desde afuera, pues internamente nunca tienen la
posibilidad de estructurarse o se produzca una ruptura interna, en
una lucha por el poder, que se vea compelida a buscar respaldo
político en la oposición y utilizar la capacidad movilizativa
popular para consolidarse.
En los
países totalitarios de corte nacionalista, sujetos a dictaduras
domésticas no se pueden producir estallidos sociales, porque los
líderes son ejecutados antes de lograr el poder de convocatoria
necesario, que pueda poner en riesgo las estructuras del poder, más
los dictadores no tienen escrúpulos para gobernar, por mantenerse en
el poder matan deliberadamente, como ha sucedido en China,
Venezuela, Iraq, Cuba, etc.
La
comunidad internacional, encabezada por el gobierno americano deben
demostrar la implicación del régimen cubano en muchos procesos de
inestabilidad política y social alrededor del mundo, principalmente
en América Latina y en Estados Unidos. Declinando la
responsabilidad de luchar y lograr esos cambios a las propias
fuerzas e iniciativas de los cubanos. |