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Medidas o mecanismos de cambios
Por: Diosmel Rodríguez

                                                                  
Miami, Mayo-Junio del 2004

El único y mejor antídoto de la libertad,
Es la libertad misma.

La ruptura de las estructuras democráticas, o lo que es lo mismo, la posibilidad de hacer los cambios del poder desde abajo, son los principales elementos a tener en cuenta a la hora de instrumentar medidas políticas para presionar a un gobierno totalitario.

Los mecanismos de cambio son directamente circunstanciales a los mecanismos del poder, por lo tanto, ambos deben conjugarse para evitar o lograr la inamovilidad política. Razón que determina que países como Cuba, para lograr cambios sustanciales, no basta que la población adquiera conciencia de la necesidad del cambio, sino de las herramientas necesarias para instrumentarlo y contar con los mecanismos externos para apoyarlo.

Cuando esto se logra, se rompe una de las teorías del poder que dice: “No basta que los de abajo no quieran vivir como antes, sino que los de arriba no quieran vivir como hasta ahora”.  De lo contrario, y eso, se acaba de ver en el proceso político venezolano, que a pesar de todas las circunstancias, mantuvieron la línea del proceso electoral, como único mecanismo de cambio.

Sin embargo, la toma de conciencia es importante a la hora de implementar los mecanismos de cambio. Muchas son las posibilidades de introducir elementos de cambio en Cuba, aunque sean subliminales, cosa que nunca o casi nunca se toman en cuenta a la hora de diseñar estrategias políticas para desmontar el régimen castrista.

La información juega un papel muy importante en lo que a formación de conciencia popular se refiere. De tal manera que los regímenes totalitarios lo primero que controlan son los medios masivos de divulgación. Por tanto la población debe recibir una información que le permita identificarse con el mundo exterior y de esa gama de información, sacar sus propias conclusiones.

La creación de Radio Martí ha jugado un rol muy importante en la vida política de Cuba, a pesar de sus limitaciones y restricciones, que no siempre están acorde con los intereses y necesidades de la causa cubana. Regulaciones que prohíben que Radio Martí se pueda escuchar por frecuencias normales dentro de Estados Unidos y TV Martí no esté dentro de la configuración de canales visibles en territorio norteamericano, parece algo irrisorio, para los que piensan que la causa cubana es el ombligo del mundo. Muchos de los cubanos radicados en la isla o fuera de ella desconocen esta triste realidad.

Una buena medida sería eliminar ambas estaciones, de radio y televisión,  llegando a un acuerdo con cadenas poderosas, tanto americanas como latinoamericanas, para dirigir la señal hacia Cuba. Utilizando además la planta de televisión de la Base Naval de Guantánamo con programación en español o como repetidora de otras televisoras.

Las medidas populistas juegan un papel positivo y determinante, son elementos catalizadores de poder de convocatoria y capacidad movilizativa alrededor de un centro de poder real o potencialmente realizable. Poniendo en perspectiva los intereses reales o naturales de la población, de manera captable, para que el ciudadano medio o promedio pueda discernir de forma inmediata los beneficios personales directos, que con los cambios alcanzaría, más allá de los beneficios abstractos de derechos y libertades, esgrimidos por los más avezados políticamente.   . 

La Sociedad Civil es el embrión de cualquier centro de poder interno y mecanismo de enlace del poder externo. También es determinante en la construcción de los elementos de cambios, por lo que debe otorgársele todas las  prerrogativas institucionales que por tal motivo merece y necesita para desarrollarse y trabajar.

Las medidas recientemente anunciadas por el presidente de los Estados Unidos son la antítesis de los elementos de cambios y polariza una vez más la causa cubana, que pierde una vez más su virtual razón humana y los extremos, como siempre, al final se juntan. Obsérvese el incidente en la manifestación del día 19 de junio en la Calle 8 de Miami.

Muchas de las medidas son ambiguas y contradictorias entre sí.  Por un lado, anuncian el apoyo económico y material a la disidencia interna y por otro eliminan todos los mecanismos legales para hacérsela llegar. Además los descalifican a no ser beneficiarios directos de las personas que envían ayuda.

La ayuda a familiares y demás ha creado un comercio informal o indirecto con la Isla, se dice que las personas, muchas de ellas” mulas” están comerciando con el enemigo. Sin embargo no se  ha dicho o anunciado la suspensión de la venta de productos norteamericanos al gobierno cubano, como se ha venido haciendo hasta ahora y eso si le reporta un gran ahorro de divisas al señor Fidel Castro.

Los elementos de cambio necesitan de las estructuras orgánicas para implementarlos, más allá de la justificación real y espiritual necesaria para realizarlos. De lo contrario, hay que apoyarse en los marcos legales del poder establecido, para comprometerlo con los problemas y conflictos sociales que siempre estarán existencialmente presentes y que de hecho responsabilizan y comprometen el poder.

Las medidas para desmontar un régimen totalitario o autoritario tienen que pasar por la imposición social de las normas democráticas, y consistentes en cuanto a derecho. De lo contrario se convierten en justificación y defensa del opresor. El poder sólo se negocia cuando hay razones evidentes de perderlo, de lo contrario no hay necesidad alguna de negociarlo, pues ya se tiene.

En un período tan largo, la comunidad cubana en el exterior ha adquirido diferentes intereses, inclusive, generacionales. Si se quiere tomar el pulso o consenso de opiniones de los cubanos radicados en el exterior, debe recurrirse a las mínimas normas democráticas, refrendarlas. La población cubana de la Isla a su vez, también ha fraguado sus propios intereses, de acuerdo a sus perspectivas y realidades. Visto así, en los propios Estados Unidos hay miles de cubanos que han llegado por la lotería de visas, que en nada difieren, en cuando a derecho, a  las otorgadas a ciudadanos de otros países.  

Los refugiados políticos, por ley y las normas internacionales, están sujetos a cumplir con la condición de no regresar a su país de origen, mientras persistan las condiciones que lo conllevaron a solicitar dicho asilo. Sin embargo, a la hora de solicitar la condición de refugiado político, al menos la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, no te advierte y pide al solicitante y sus familiares, si están dispuestos a someterse a esa regulación.

Las restricciones a los cubanos radicados en los Estados Unidos para viajar a su país, están siendo bien utilizadas por el régimen castrista, para transferir su condición de violador del derecho universal que tienen sus nacionales de entrar libremente a su país, al gobierno americano.

Aunque la reelección del presidente George Bush tal vez favoreciera más a la causa cubana y al resto del mundo, no tendrá tampoco una política agresiva hacia el gobierno cubano, que lo emplace u obligue ante la comunidad internacional a implementar cambios democráticos en Cuba.

Algo que favorecería a la causa cubana, sería una política norteamericana encaminada a producir una conmoción social dentro de la Isla, ya sea política o económica, como publicar la información de todos aquellos cubanos que han solicitado visas a través de las loterías, muchos de ellos funcionarios gubernamentales, cuadros intermedios y de base del Partido Comunista y miembros de cuerpos policíacos y militares. Si aduce al derecho de privacidad, no se puede apelar a los principios y normas a ese respecto,  con alguien que no respeta los más elementales derechos de los demás y si no, pregúntesele al presidente de México, Vicente Fox.

La divulgación del actual status de la Base Naval de Guantánamo y la posibilidad de declarar ese territorio con derecho a la soberanía democrática de Cuba, donde los cubanos dispondrían de un territorio libre para comenzar a formar su liderazgo político y de la Sociedad Civil, conmocionaría ipso facto  la actual sociedad cubana.

El chantaje y la intimidación ante la posibilidad de un éxodo masivo, se puede controlar desde ya, con la creación de campos de refugiados para los cubanos, bajo la supervisión y control del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados. Los países a elegir o utilizar no son determinantes, pero si, siempre fuera del territorio norteamericano.

La decisión de poner de los cubanos radicados en Estados Unidos la visita a su país cada tres años, demuestra la poca fe que se tiene en los resultados de las medidas. Se me parece a aquella campaña de 1969 en Cuba, con “El Esfuerzo Decisivo”. Por tanto debió ponérsele una cláusula de revisión cada seis meses y su posible derogación en caso que no aportara los resultados esperados.

El gran dilema de los cubanos es cómo resolver su problema,  por un lado es su responsabilidad y por otro, forma parte de los intereses y decisiones de los Estados Unidos. Lo lógico sería desentenderse de los americanos y tomar nuestras propias decisiones, aunque contravenga sus propios intereses, pero no contamos con la voluntad de tan gran desafío en nombre de la libertad que soñamos, la vida como exiliados se nos ha convertido en demasiado cómoda para someternos a tanto sacrificio. La realidad humana nos pone ante esta gran verdad y no podemos ignorarla, aunque se excluyen las individualidades, hay quienes por lo que creen, llegan hasta el martirologio.

La euforia internacional, por los excesos del gobierno cubano, está pasando. Surgen nuevos acontecimientos y prioridades en el mundo y a la realidad cubana perece que una inercia la embarga toda. Por eso es nuestro deber buscar nuevas alternativas y continuar la lucha, ejerciendo de forma práctica nuestro derecho ciudadano, en pro de la libertad de nuestro país.