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El nihilismo político en Cuba
Eduardo Torres/PCRO
Febrero/2007
La actual
situación política en Cuba bien podría enmarcarse dentro de la corriente
filosófica denominada nihilismo político. Una inercia que parece negarlo
todo, como si todo fuera imposible. Se niega la existencia misma y el
valor de las cosas. Con esa actitud no puede haber lucha política.
Toda acción lleva un beneficio implícito, que pone en duda todo principio moral, religioso, político o social. Las ideas de carácter
negativo predominan, la culpa ajena y la ruina inminente, que deja una
sola alternativa: escapar del país.
La disidencia en Cuba no logra cohesionarse como una oposición política.
Hay opositores, pero no una oposición estructurada. La oposición no se
articula como la representante política de la sociedad, a partir de
demandas sociales especificas. Se aísla y su campaña proselitista la
realiza hacia el exterior.
La oposición no utiliza la demanda social como principal estrategia de
lucha, con la que debía hacer responsable públicamente al gobierno de
los males que afectan a la población. La lucha política se realiza sin
convicción de riesgo, se teme demasiado a la prisión y los opresores
utilizan ese temor como mecanismo de auto represión y contención
política.
Los oprimidos ni siquiera buscan intimidar a sus represores con la
posibilidad de un inminente cambio, haciéndole saber que llevan un
record de sus actos, de su localización personal y familiar y que van a
ser juzgados en cualquier momento.
La población y la oposición convergen en un gran punto común: la
desesperanza, que aquello no hay quien lo cambie, y se basan en el hecho
de que hasta ahora, ninguna estrategia ha dado resultado. Entonces, lo
que hay es que irse del país. Esa es la suprema aspiración política de
la población cubana en los últimos tiempos.
El mensaje de que constantemente se está enviando mucha ayuda económica
para la oposición interna desde el exterior, y los frecuentes anuncios
de millonarias asignaciones de dólares a la causa cubana ha creado
falsas expectativas. Eso convierte a la oposición en dependiente de unos
recursos que nunca llegan, y toda acción, por pequeña que sea, está
condicionada al financiamiento externo.
Al inmovilismo político en Cuba se le atribuye como principal causa la
falta de información y de una distribución masiva de propaganda
política. Elementos que tienen mucho valor en la lucha política, pero en
el caso cubano son cuestionables. Las personas saturadas de la
propaganda oficial no asimilan ningún tipo de propaganda y ven en esta
de nuevo tipo algo de mucho riesgo y que no cubre sus expectativas de
costo / beneficio.
A los opositores que tenemos acceso a los medios nos potencia el ego
vernos reflejados en una publicación. Eso estimula nuestro valor
personal, y recibimos reconocimiento de los que están a nuestro lado.
Sin embargo la mayoría de la población lo ve como oportunismo político,
ya que muchos lo utilizan como aval para abandonar el país. Por eso
muchos dicen cuando se les habla de política: "A mí nadie me coge para
el trajín. Forman sus líos, luego se van y nos dejan en eso".
Con esas posiciones del pueblo y la oposición no se consiguen cambios,
no se puede negociar el poder y menos esperar que nos los cedan. Sin
Fidel y con Raúl seguimos siendo víctimas del nihilismo político.
Santiago de Cuba, 14 de febrero del 2007
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