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El desarrollo rural como estrategia política
Diosmel Rodríguez
 
Los más recientes procesos políticos de América latina demuestran que no se puede aspirar al poder, incluso de forma electoral, si no se tienen en cuenta  ciertos intereses presentes en la sociedad civil del ámbito rural. Esos intereses se disputan entre las organizaciones no gubernamentales y los partidos políticos que trabajan en pro de sus propósitos, que no necesariamente tienen que coincidir con los propósitos de sus representados.

La pobreza, fundamentalmente la pobreza rural, ha sido muy bien explotada por algunos movimientos políticos y sociales, no con el propósito de encontrarle una solución a los problemas reales que esas comunidades presentan, sino para exacerbar su capacidad movilizativa mediante el poder de convocatoria que la necesidad de los desposeídos lleva implícita en sus ansias de reivindicación social.

 

La experiencia, en cuanto a los partidos políticos y movimientos revolucionarios, como depositarios de los intereses de los más pobres, cuando llegan al poder, no es muy alentadora. En Cuba, una revolución potenciada  por los estratos sociales más bajos, cuando se convirtió en gobierno, olvidó su compromiso, principalmente con el campesinado, que fue quien estructural y logísticamente más aportó a la causa que los condujo al poder. En Venezuela, un gobierno de corte populista sustentado por las clases sociales más pobres, al llegar al poder, perdió su identificación con los problemas de quienes por medio del voto le confiaron su destino y su gobierno.

Las organizaciones no gubernamentales, en su mayoría no han logrado identificarse con los intereses de las comunidades que dicen representar. Los foros internacionales y sus contiendas publicitarias, donde su presencia es su principal actividad, aportan pocos resultados tangibles como soluciones a los problemas reales de la pobreza y la justicia social. Los cuantiosos recursos que gastan esas organizaciones bien podrían resolver casos concretos de pobreza, principalmente en el sector rural, donde muchas organizaciones, incluyendo la FAO invierten millones de dólares, sin establecerse las estructuras que reduzcan la pobreza, tanto de forma individual como colectiva.

 

Una gran cantidad de los que dicen ser  los representantes y defensores de los pobres, unas veces con utópicas proposiciones y otras con marcadas y denodadas intenciones demagógicas, lucran con las necesidades del prójimo, como su mejor capital social y lo que es peor, utilizan sus necesidades para movilizarlos como parte de sus pretensiones políticas e ideológicas.

 

No obstante todas las premisas antes apuntadas, la falta de un liderazgo honesto y la incapacidad de los ciudadanos de ejercer su poder desde abajo, utilizando las legítimas reglas de la gobernabilidad por medio del poder económico y social desde la base permiten que el discurso viciado, con una retórica ya obsoleta, siga teniendo éxitos en las pretensiones políticas.

 

Las últimas elecciones presidenciales celebradas en Bolivia y Perú así lo  confirman. Incluso en los procesos electorales de Venezuela y México también tuvo gran impacto la población rural y los marginados sociales. Una buena estrategia política debe contemplar la motivación y participación de la población rural, con planteamientos concretos e iniciativas que tomen en cuenta los intereses de los menos favorecidos económicamente y quienes demográficamente son mayorías.

La población rural, por su peculiaridad: poca preparación educacional,  menor acceso a los medios y grandes limitaciones para movilizarse y/o manifestarse muchas veces no es tomada en cuenta políticamente y por ende en ella es donde se produce el mayor abstencionismo electoral. Sin embargo,  tiene las mayores expectativas ante cualquier posibilidad de un cambio político, que pueda mejorar su estatus económico y social. Elementos que son muy bien aprovechados en los últimos tiempos por las nuevas corrientes políticas, denominadas populistas, para catalizar los votos a  su favor.

En Bolivia, la población indígena estuvo casi anulada en las elecciones anteriores. En las últimas elecciones puede decirse que su gran participación y su voto fueron decisivos para que Evo Morales saliera triunfador en la  primera vuelta.En Perú, a pesar de que Alán García ganó las más recientes elecciones  presidenciales, se debe reconocer que Ollanta Humala ganó 14 de los 25  departamentos del país, y precisamente los del sur peruano, de mayor población rural. Esta premisa pone en perspectiva que Humala bien podría utilizar los desafueros de la administración de Alán para desestabilizar su gobierno, movilizando el sector rural compuesto por campesinos e indígenas principalmente. En México, López Obrador parece asumir una oposición más responsable, pero deja un precedente, la población del sur del país votó mayoritariamente a su favor, y precisamente es la población de mayor significación rural.

 

En el caso cubano, con vista a la transición política que indefectiblemente se avecina, muy poco se ha trabajado en el diseño de una política agraria incluyente, que vaya más allá del derecho de propiedad, algo que hay que tener en cuenta, pero no es el todo. La transición política en Cuba puede convertirse en una sucesión, ya no de la nomenclatura, pero si de los cuadros intermedios, por estar mejor estructurados y capacitados en los mecanismos de dirección.

 

La política hacia Cuba debe ir encaminada a lograr proyectos concretos, la ayuda desde el exterior, incluyendo la de Estados Unidos y otras comunidades solidarias debe permitir el desarrollo de programas pilotos, que posibiliten al gobierno de transición poder tomar las mejores decisiones, en virtud de garantizar la estabilidad política y social de los primeros tiempos.
 

La oposición cubana, a pesar de Cuba ser un país eminentemente agrícola y con una población potencialmente rural, no ha logrado aprovechar las fuerzas vivas de la comunidad rural. La única estructura organizativa que ha logrado sostenerse con un trabajo estable en la comunidad rural cubana ha sido el Proyecto de Desarrollo Cívico Rural, que contempla los elementos positivos y necesarios para el desarrollo rural, como son los propios campesinos, representados por la Alianza Nacional de Agricultores Independientes de Cuba,  las mujeres, por medio de la FLAMUR, (Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales) en su Capítulo Cuba, la Unión de Jóvenes Rurales, el Centro de Estudios e Investigaciones Agrícolas, Carlos Quintela y los académicos de la Universidad Cívica Cubana, muy importantes en todo este proceso, por su capacidad y responsabilidad intelectual y social

 

Como si fuera una cultura política o una estrategia de lucha por el poder, los cuestionamientos  sobre lo que dejan de hacer los demás o la exaltación de los problemas y no su solución constituyen el centro de análisis y pronunciamientos de la mayoría de los políticos. Muy fácil se hace censurar, sin la responsabilidad de cumplimentar la tarea de hacer. Esa razón, me mueve a proponer ideas que deben ser punto de partida, para una coherente estrategia política y un sostenible desarrollo rural a partir de la economía social y solidaria.

 

En el caso que nos compete, para lograr buenos resultados en el campo se necesita una visión moderna, del capital y el desarrollo rural progresivo, que deje atrás viejos mitos como la reforma agraria, el latifundismo, el monocultivo, la distribución equitativa de las tierras, etc. y ponga a la comunidad rural como protagonista de sus decisiones e intereses, vinculada a las concepciones modernas de los mercados dinámicos, el cooperativismo empresarial, las empresas agropecuarias privadas y el desarrollo agroindustrial, a partir del territorio como mecanismo de descentralización del poder central, que pueda enfrentar los problemas de infraestructuras, .reubicación habitacional y la urbanización rural.


Una transformación real del campo como política de estado puede ser una buena estrategia para la estabilidad de los países. Algo a tener en cuenta en esa transformación debe ser la educación.  La educación elemental debe dejar un espacio para un sistema de instrucción práctica, que capacite al individuo para una vida eficiente social y productiva, de acuerdo a las realidades del medio donde se desarrolla dentro de la comunidad.
 

Las cooperativas y otros asentamientos humanos y comunidades pudieran fungir como laboratorios para este experimento social de la educación aplicada. Los municipios, en su concepto de mini gobiernos serían en definitiva los idóneos para ponerlas en práctica.


El mercado, la principal limitación en la comercialización agropecuaria sólo tiene solución si se potencia el mercado interno. Sin un poder adquisitivo fuerte que estimule la demanda, los productores siempre estarán atados a las consecuencias del mercado exterior, mientras sus pueblos padecen de hambre y necesidades. Los pobres, al carecer casi de todo, son potencialmente los principales participantes del mercado doméstico, sólo necesitan del poder de ingreso suficiente que estimule la demanda y los servicios.

 


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