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                                    Fidel Castro vs. Bush, razón por ver.
 
 

Diosmel Rodríguez

La polémica de Fidel Castro, con los presidentes norteamericanos de turno, no es cosa nueva. Desde 1959, aún en mi etapa de niño, recuerdo los cánticos infantiles preparados por el régimen con alusiones ofensivas, como aquello de: "Si Kennedy se muriera que lo entierren boca abajo, por si acaso resucita, que se vaya más pa'bajo" y así sucesivamente todos recibieron su castigo insultor.

Sin embargo la situación de hoy en día es mucho más preocupante, no se trata sólo de insultos, sino que compromete la imagen de Estados Unidos ante el mundo, frente a una batalla crucial como la del terrorismo, que le dificulta aplicar una política antiterrorista con consenso mundial.

El emplazamiento que Bush le hizo a Fidel es con un basamento democrático, pero hay que tener previsto instrumentos de presión legal para hacerlo cumplir, para liberar a ese pueblo cautivo. No importa que los secuestradores y sus acólitos no estén de acuerdo con el método, no le asiste la razón y al final quien se beneficiará y quedará eternamente agradecido es el pueblo cubano.

En estos momentos la pelota esta en juego y precisamente en territorio norteamericano, no sólo en la manos de Bush, sino de todo el pueblo norteamericano, si realmente consideran los  valores de la libertad y la justicia, como valores morales de su propio pueblo.

La supremacía de los Estados Unidos, tanto militar como económicamente, además de sur un orgullo ciudadano, debe ser una responsabilidad moral de todos los que nos encontramos en este país, o desde cualquier punto de la tierra creemos en él.

El discurso de Fidel Castro este pasado 8 de Junio en la Plaza Antonio Maceo en Santiago de Cuba, tuvo elementos muy importantes para la nación cubana. El hecho que en su discurso relatara textualmente pronunciamientos del presidente Bush fue muy positivo, mostró con ello, que la oposición interna de Cuba, en su lucha contra el opresor no está sola, que hay una voluntad política por parte del presidente de los Estados Unidos de ayudar al pueblo cubano a sacudirse el yugo de encima.

La oposición en Cuba debe asumir el reto que la historia le ha puesto en las manos, debe comenzar a estructurarse políticamente, con toda la autonomía y libertad que considere, pero tiene que estructurarse ya. Debe presentar una batalla política al partido de gobierno (comunista) amparada en los nobles propósitos del Proyecto Varela, pero con acciones partidistas concretas y para eso necesitan los recursos, recursos que hoy solamente están en manos del partido de gobierno en el poder.

Una política coherente y civilizada de los Estados Unidos hacia Cuba, debe modificar una serie de concepciones que hacen imposible implementar una asistencia democrática al pueblo cubano. Las limitaciones técnicas de Radio y Televisión Martí, no sólo privan al pueblo cubano de oír y ver una radio y televisión diferente, sino que ridiculiza la supremacía tecnológica de Estados Unidos.

Las expectativas y la realidad de la asistencia y apoyo a la oposición cubana marchan por rumbos diferentes. La propaganda castrista crea un espejismo interno y externo, de una ayuda ilimitada, que se corresponde con la voluntad política de gobernantes y funcionarios de los propios Estados Unidos hecha saber en diferentes discursos.

La realidad es otra, las leyes norteamericanas impiden el envío de dinero directo a la oposición interna de Cuba y a los que son víctimas de la represión y la persecución política. Tampoco la Oficina de Intereses en la Habana paga por los servicios de oposición realizados, pero nadie emplaza al gobierno cubano, para que lo demuestre fehacientemente, dejando el beneficio de la duda, tantos para unos como para otros.

No es de conocimiento público que Radio y TV Martí están restringidas para el territorio  nacional de los Estados Unidos, porque desde Cuba creemos en la libertad absoluta y no nos imaginamos de las regulaciones y privaciones que existen en otros lugares, como en este país, con respecto al nuestro.

Llegó el momento de la verdad, si en estos momentos Estados Unidos no pone en marcha un programa de ayuda real y efectiva para sacar al pueblo cubano de la virtual esclavitud en que se encuentra, entonces que se aparte del protagonismo y nos deje a los cubanos encontrar nuestra propia solución.

Si el presidente de los Estados Unidos no tiene una estrategia clara y definida para hacer quebrar la maquinaria represiva del régimen cubano, entonces habrá hecho el ridículo y traicionado la confianza de muchos de los luchadores demócratas del mundo, creando falsas expectativas. Hoy las apuestas son favorables al tiranosaurio, precisamente por eso, por su permanencia de más de cuarenta años, a pesar de todas las buenas intenciones y promesas que han existido para removerlo del poder.

 



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