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EXPLORANDO
EL “BARRANCO”:
UNA RESPUESTA LIBERTARIA A CELIA HART
Del
Movimiento Libertario Cubano.
Hemos
leído con detenimiento, curiosidad e interés tu carta A propósito de
mi entrevista en La Jornada del día 5 de Abril, publicada el pasado día
11 simultáneamente en las páginas web españolas Rebelión y La Haine.
Se podrían discutir muchísimas cosas de esa carta tuya, Celia,
realmente muchísimas cosas. Pero -te somos francos-, poco nos importa
que esperes la definitiva asunción profética de Cristo, de Buda y de
Mahoma ni que sientas a tu lado a Lincoln y a Whitman; nos tiene sin
cuidado que te sientas “princesa de la Raza” o que tu breve opinión
sobre Juan Pablo II insinúe una disconformidad con su trayectoria que
Fidel no puso de manifiesto en estos días: si por nosotros fuera,
puedes seguir tranquilamente con tus experimentaciones poéticas que no
habremos de censurarte ni nos preocuparemos demasiado por seguir de
cerca tu producción lírica. También -continuamos siéndote sinceros-,
puedes modificar tus dichos todas las veces que te plazca; ya sea porque
has recibido un rezongo ya porque tu conciencia y/o tu meticulosidad
intelectual te han llevado a corregir un disparo que tú misma entiendes
corre el riesgo de ser mal interpretado: tienes toda la libertad que se
te ocurra para hacerlo y serán tus lectores los que habrán de
asignarle de ahora en adelante a tus palabras la credibilidad y la
confianza que se merezcan y que tú seas capaz de conquistar. Además -volvemos
a serte honestos-, tocas en tu nota temas de vital importancia como la
“inercia” del Partido Comunista o la existencia de “ciertos
resortes de restauración capitalista” en Cuba; cosas más que sabidas
y poco novedosas sobre las cuales lo realmente interesante es que seas
precisamente tú quien las reconozca: pero tampoco es eso lo que
queremos discutir exacta y directamente en este momento. De lo que se
trata ahora, en principio y sólo en principio, es de que nos ubiquemos
en el mapa ideológico y político; de que adoptemos una posición
relativa respecto a tales y cuales situaciones, a tales y cuales
trayectorias, a tales y cuales personas. Es en ese orden de cosas que
nos gustaría polemizar mínima y brevemente contigo. Pero precisemos un
poco más el asunto. Tú dices estar buscando y quizás construyendo una
opción de izquierda, una alternativa de izquierda para Cuba. Te
contamos, entonces, que tu preocupación es la nuestra y la de una
enorme cantidad de gente; en cuya primera fila -y no por vanguardistas
sino por coherentes- están los anarquistas que mencionas en tu nota. Pero,
definitivamente, lo que no podemos compartir es tu afirmación de que
“a la izquierda de Fidel está el barranco”. Esa frase,
exclusivamente esa frase, es la que, a cuenta de futuras polémicas, nos
gustaría discutir ahora.
Lo
primero que queremos señalarte es el problema lógico que genera ese
dicho; un dicho que frustra momentáneamente, de no mediar
rectificaciones de tu parte, las expectativas que has venido generando
con algunas de tus apariciones. Lógicamente, entonces, de tu afirmación
sólo pueden seguirse dos cosas: o bien la opción de izquierda que estás
buscando se encuentra a la derecha de Fidel o bien esa alternativa es
Fidel mismo y la plena continuidad del monólogo autosuficiente que ha
seguido a lo largo de todo su recorrido. Te darás cuenta que si tu
alternativa de izquierda está a la derecha de Fidel -cosa que dudamos,
porque no pareces tonta- este debate carece enteramente de sentido y más
valdría que lo interrumpiéramos en este preciso instante. Pero también
te percatarás que si esa opción de que hablas no es más que el propio
Fidel eternizado, incluso en ausencia física, no se entiende muy bien a
qué viene tanto escándalo de tu parte cuando sólo se trata, como
insustancial aderezo, de leer a Trotsky, a Lukács, a Rosa Luxemburgo y
a Gramsci. Pero, además -ya no desde el punto de vista lógico sino
desde el ángulo político- tendrías que explicitar cuál sería la
izquierda que está a la derecha de Fidel. ¿Es esa izquierda a la
derecha la responsable de la “inercia” del Partido y de los
“resortes de restauración capitalista? ¿Por qué tales cosas fueron
posibles?: ¿se trata de “descuidos” de Fidel? ¿acaso el Comandante
en Jefe, Primer Secretario del Partido y Presidente de los Consejos de
Estado y de Ministros fue desbordado y sus orientaciones han sido desoídas?
¿o será que Fidel también da cabal cumplimiento a la bíblica proeza
trinitaria y, al igual que Jesús -que es uno con Dios Padre-, puede
sentarse a la diestra de sí mismo? Pero estas preguntas no pretenden más
que ilustrar los líos que provoca la desprolijidad de tus exposiciones
y lo cierto es que todavía no hemos entrado en el tema de fondo: es
decir; todavía no hemos caído en el “barranco” que tú afirmas es
lo único que hay a la izquierda de Fidel.
Las
palabras perdidas
Hemos
intentado abordar el tema con cuidado y respeto; incluso, a los solos
efectos de este intercambio, dejando de lado momentáneamente las
decepciones y reservas acumuladas a lo largo de décadas. También
procuramos ser amplios y exhaustivos; al menos dentro de nuestras
limitadas posibilidades. Se nos ocurrió, entonces, tomar una batería
de conceptos habitualmente asociados con el pensamiento de izquierda,
asociarlos a su vez con Cuba -con Fidel, por lo tanto- e indagar qué
elaboraciones o realizaciones estaban disponibles como punto de partida
de un debate al respecto. Para ello recurrimos a la herramienta más
poderosa de que disponemos en este momento: la búsqueda avanzada de
Google; acotando la misma a la frase exacta, en idioma español, en
cualquier formato de archivo y para todo dominio posible. De tal modo,
cualquiera podría verificar la exactitud de nuestros hallazgos y tú
misma estarías en condiciones de hacerlo; pues no tenemos duda alguna
de que puedes acceder a Internet sin mayores inconvenientes. Veamos,
pues, los resultados de nuestra pequeña investigación y tal vez habrás
de coincidir con nosotros en que son sorprendentes.
Comenzamos
diciéndote que frente a las frases “consejos obreros cubanos” y
“consejos obreros en Cuba” Google nos responde que la búsqueda
“no produjo ningún documento”; lo cual seguramente obedece a una
razón simplísima y es que generalmente no se reflexiona sobre aquello
que no existe o que ni siquiera ha sido fantaseado. Lo mismo ocurre con
la expresión “autogestión cubana” aunque ahora sí nos topamos con
un material -sólo uno- sobre “autogestión en Cuba”; material que
puedes encontrar en http://es.geocities.com/anticivilizacion/antonfdr_GANDHI.htm
y que únicamente nos informa que la idea no goza en la isla de mayor
predicamento. Siguiendo idéntico procedimiento, llegamos a la triste
conclusión de que, cuando de Cuba se trata, ni se habla ni se escribe
sobre “autonomía obrera” o “autonomía sindical”; lo cual no
hace más que confirmar que la dirigencia de las organizaciones
correspondientes no tiene demasiado interés en el asunto y que la
orientación predominante consiste en que las mismas se mantengan en la
esfera de la dependencia estatal. Siendo así, no tiene nada de raro que
algo tan “extremista” como la interrupción colectiva y voluntaria
del trabajo concite apenas discursos de muy baja intensidad: la búsqueda
para “huelgas en Cuba” sólo arroja como resultado 5 documentos de
carácter histórico y cuando se trata de “huelgas cubanas” nos
topamos nada más que con un solitario y exótico reclamo en la dirección
http://www.bibliotecagnostica.com/Poscla22.htm.
Aun así, no cejamos en nuestro empeño; pero, para nuestro asombro, en
los casos de “conciencia de clase en Cuba” y “conciencia de clase
cubana”, Google vuelve a responder a nuestra indagatoria que ésta
“no produjo ningún documento”. Las cosas mejoran un poco cuando se
trata de las “cooperativas cubanas” o de las “cooperativas en
Cuba” y allí sí finalmente podemos encontrarnos con una módica
treintena de documentos, no necesariamente de procedencia oficial ni
imperativamente encomiásticos y entre los cuales habrá que destacar
algunas perlas de interés como aquel en el que Jesús Cruz Reyes se
ofende profundamente ante la pregunta de si dichas organizaciones son
independientes o no. Frente a un resultado que, en comparación con los
anteriores, era tan promisorio, proseguimos nuestra briosa cabalgata,
pero sólo para enterarnos enseguida que nada se dice sobre los
“movimientos sociales cubanos” ni sobre la “autonomía
universitaria cubana”; aunque, seamos justos, sí hay que dar cuenta
ahora de 4 documentos que contienen la expresión “autonomía
universitaria en Cuba” -para reportarnos su ausencia, naturalmente- y
otros 5, mayoritariamente referidos al pasado, que consideran oportuno
recurrir por una razón o por otra a la frase “movimientos sociales en
Cuba”.
Fue
así, luego de tantos y sucesivos fracasos, que resolvimos orientar
nuestras indagaciones alrededor de un concepto que ciertamente nos
resulta muy poco simpático: Estado obrero. ¿Y sabes en cuántos
documentos aparece inscrita la expresión “Estado obrero cubano”?:
solamente en 30, la abrumadora mayoría de matriz trotskista y no todos
precisamente elogiosos. Entre ellos, sólo uno era de procedencia
oficial cubana -en www.lajiribilla.cu/2002/n57_junio/1413_57.html-
y se trataba en realidad de una colaboración de John Hillson remitida
desde la ciudad de Los Ángeles. Pensamos entonces que esas ausencias
podían deberse a la fuerte identificación de la expresión
precisamente con la tradición trotskista; razonamos que tu rescate del
fundador del Ejército Rojo se enfrentaría con dificultades obvias e
intentamos ver si afloraba algún tipo de reflexión más copiosa en
torno a una expresión similar y optativa: Estado proletario. Pero héte
aquí que ni siquiera así fuimos coronados por el éxito: la
frase “Estado proletario en Cuba” contaba apenas con una presencia
huérfana de toda vecindad. El artículo en cuestión pertenece a Luis
Ramírez Caraballo y Antonio R. Barreiros Vázquez; se llama Lugar y
papel de las FAR como componente especialmente significativo del Estado
proletario en Cuba y puedes encontrarlo en la Revista Cubana de Ciencias
Sociales (Año 4, Nº 12 de setiembre - diciembre de 1986). Quizás,
Celia, compartas con nosotros nuestra desilusión y tú también
abomines de que, cuando en Cuba se habla del Estado proletario, en
realidad no se trata fundamentalmente del proletariado sino de las
fuerzas armadas. ¿Tendrá esto algo que ver con la militarización de
la sociedad cubana?
El
"barranco" es la ausencia de libertad, igualdad y solidaridad
En
fin: hemos usado una batería de indicadores que distan de ser perfectos
y a los que sólo asignamos un carácter aproximativo; pero, aun así,
tenemos la firme impresión de que los mismos permiten sostener una hipótesis
bastante confiable. Esto es; las reflexiones sobre la construcción
de una opción de izquierda en Cuba tienen frente suyo un campo casi
virginal e intocado. Y te pedimos por favor -suponiendo de tu parte
una réplica de estas consideraciones- que seas un poco imaginativa y no
nos recomiendes realizar una búsqueda similar conteniendo las
expresiones “salud en Cuba”, “educación en Cuba”, “deporte en
Cuba”, etc.; porque lo que te estamos proponiendo, no necesariamente
se contradice con dichas cosas, sino que las dota de un contenido
distinto, las resignifica y las enriquece infinitamente. Como habrás
visto, por lo tanto, hay un conjunto de nociones -que embrionariamente
representan sus correspondientes realizaciones sociales revolucionarias-
habitualmente pertenecientes a un imaginario de izquierda y que en Cuba
se usan muy poco o muy mal. Y nosotros estamos absolutamente convencidos
de tres cosas que están íntimamente vinculadas con nuestro tema, tal
como éste ha sido precisado desde un principio: en primer lugar, que
Fidel no ha demostrado tener sobre sus hombros la cabeza más adecuada
para elaborar pensamiento y definir acciones al respecto -ha tenido
medio siglo para hacerlo y ¡nada!-; en segundo término, que este campo
de nociones y realizaciones se ubica no a su derecha sino a su izquierda;
y, por último, que nada de esto representa a ese “barranco” tan
temido y que a ti te preocupa tanto invocar. Sobre ello hemos de
ponerte sólo tres ejemplos especialmente significativos y de factible
concreción inmediata.
En
primer lugar, una alternativa de izquierda en Cuba debería plantearse
una urgente desmilitarización en el más amplio sentido del término.
No se trataría solamente del redimensionamiento de las fuerzas armadas,
del ahorro consiguiente y de la correspondiente transferencia de
recursos hacia otros sectores de la economía infinitamente más
necesitados. Se trataría también de que las fuerzas armadas perdieran
sus privilegios históricos y de que los más diversos problemas de la
sociedad cubana ya no sean vistos como si se tratara de acertijos en
torno a la “defensa nacional”. Se trataría, sobre todo, de pensar
el socialismo como lo que realmente debería ser -es decir, una nueva
relación de convivencia entre seres libres, iguales y solidarios-;
y de no mediatizar en los hechos esa reflexión, sobre-imprimiéndole
siempre una articulación muy poco socialista entre los
“comandantes” y sus subordinados. Estas cosas son inmediatamente
posibles, Celia, y no hay ninguna razón que las contradiga. Seguramente
tú nos dirás que la revolución no sobreviviría sin “sus” fuerzas
armadas pero eso no es más que una falacia a la que el “Comandante en
Jefe” y su séquito te han acostumbrado. Porque las fuerzas armadas
cubanas se vertebran respondiendo a una hipótesis de conflicto -en teoría,
una invasión de los Estados Unidos- que está mal planteado o que no se
habrá de producir. En el primer caso, las fuerzas armadas cubanas no
tendrían nada para hacer -y coincido contigo en que eso es una
desgracia para la humanidad toda- frente a las acciones de bombardeo aéreo
y desgaste que los Estados Unidos tienen como su actual patrón de
actuación bélica en la fase inicial. Además, tal como ha quedado
sobradamente demostrado en Irak, la resistencia de guerrillas es
inconmensurablemente más efectiva que un ejército regular que
sencillamente no puede estar a la altura de la tarea. Pero, en el
segundo caso, hay elementos de sobra para suponer que dicho conflicto no
tiene actualmente ni habrá de tener mañana ese formato: ni Cuba
permite invocar las mismas “razones” que se dieron en Afganistán o
en Irak -y tampoco las que despuntaron luego con Irán y Corea del Norte-
ni constituye un desafío estratégico relevante ni ha merecido mayor
dedicación militar real. Haz números, Celia, y lo verás: la
financiación otorgada por los Estados Unidos al “trabajo sucio” en
Cuba en los últimos cinco años es menor al costo que ha insumido una
noche de bombardeo intenso sobre Bagdad; aunque la megalomanía
del “Comandante en Jefe” haya de resentirse un poquitín con un cálculo
de este tipo. Entonces, la desmilitarización es posible ahora y nada
tiene que ver con el “barranco”.
En
segundo término, una alternativa de izquierda en Cuba debería
proponerse en lo inmediato emprender el camino de la autogestión. ¿Tú
no crees que la construcción socialista debería identificarse
fuertemente -como condición sine qua non, diríamos nosotros- con la
gestión directa de los trabajadores sobre la marcha de la economía?
Lamentablemente, en Cuba, durante todos estos largos años, la autogestión
ha sido asimilada sin más a la experiencia yugoslava y se la ha
asociado implícitamente con la inminencia o la amenaza de las
situaciones de mercado y con el “caos” correspondiente. Así, todas
las esperanzas fueron depositadas en el mito de la planificación
centralizada como paradigma de la construcción socialista; una
planificación centralizada que se ha confundido en los hechos con la
sabiduría de los técnicos o con la omnipresencia de los militares
cuando no con las inefables ocurrencias del “Comandante en Jefe” que
siempre se antepusieron a las elaboraciones de los organismos colectivos.
Pero, además, basta con analizar los resultados: ¿tú dirías, Celia,
que el recorrido que va desde aquel impulso de implantar el comunismo en
la Isla de la Juventud hasta la actual presencia de cientos de empresas
transnacionales es un camino de construcción socialista? No, Celia, la
planificación centralizada no sólo no ha producido socialismo sino que
bien se la puede calificar como una sucesión de disparates; antes y
después de aquella zafra fallida de los diez millones de toneladas de
azúcar. La autogestión, mientras tanto, tiene abiertos todos los créditos
y ése es el camino que han emprendido decenas de movimientos sociales
en América Latina como estrategia de resistencia y como forma de
resolver prácticamente -lo han logrado así sea a medias, incluso en
contextos claramente neoliberales- sus necesidades inmediatas en materia
de alimentación, salud, vivienda, etc. Una
vez más: la autogestión también es posible ahora y nada tiene que ver
con ese “barranco” que tú supones estaría a la izquierda de Fidel.
Por
último, una alternativa de izquierda en Cuba debe retomar con fuerza y
determinación el problema de las libertades más elementales. Basta con
“desmilitarizar” las cabezas y dejar de sospechar que detrás de
cada cubano común y corriente hay un potencial “agente del
imperialismo” e inmediatamente el tema adquiere una luminosidad
cegadora. Porque, dinos: ¿en qué se vería afectado un proyecto de
construcción socialista por el hecho de que 12 millones de cubanos
tuvieran -entre otras mil prerrogativas a imaginar- la posibilidad de
expresarse, desplazarse u organizarse de las formas que mejores les
parezcan? Reproducimos una de tus frases: “Todos los jóvenes que
tienen cuestionamientos políticos actualmente, los que valen la pena de
ser escuchados, serán siempre de izquierda, anarquistas o trotskistas
etc. Pero TODOS son revolucionarios”. Pues bien, deja de jugar a las
escondidas y sincérate contigo misma y con tus lectores: ¿sabes o no
sabes que esos revolucionarios no pueden darse la organización política
que querrían tener porque ese derecho el Partido Comunista se lo ha
reservado para sí? ¿sabes o no sabes que a esos revolucionarios no les
es dado tener una biblioteca abierta al público, montar un programa de
radio, celebrar reuniones sin solicitar permiso, tener un periódico
propio o defender libremente sus orientaciones en movimientos sindicales,
juveniles, vecinales, de género, ambientales, etc.? Esas cosas
requieren de un marco de libertad hoy inexistente y reclaman no la
intervención del Estado sino una asunción autonómica; exigen ni más
ni menos que la posibilidad socialmente garantizada de que todo
colectivo -cualquier colectivo, sea cual sea la naturaleza que se defina,
siempre y cuando no atente contra la libertad ajena- fije sus propias
reglas. Tú gozas de una posición privilegiada, Celia, y no puede
haberte pasado inadvertido que una cosa es la obsesión por la
vigilancia, el control, la represión, etc. y otra cosa bien diferente
es la libertad. ¿De qué lado crees tú que están el socialismo y la
izquierda? Nos consta que a ti te preocupan los motivos por los cuales
el bloque soviético se hizo trizas: entonces; ¿no crees que el fatal
desprecio por la libertad de que se hizo gala debe tener al menos algo
que ver con la debacle? Esa experiencia es un venero de enseñanzas y
ellas dicen en forma incontrastable, en este comienzo del siglo XXI, que
el socialismo ya no puede ser concebido como el resultado espontáneo de
una vaporosa legalidad histórica ni como una sofisticada operación de
ingeniería social ni como el genial designio de una voluntad mesiánica.
El socialismo del siglo XXI sólo puede construirse a partir de la
conciencia colectiva y ésta no puede florecer sino desde una libertad
raigal. Y, otra vez, Celia, esto no tiene nada que ver con el
“barranco”
Por
una opción de izquierda para todos los cubanos
Desmilitarización,
autogestión, libertades básicas: tres elementos mínimos y tres
caminos a recorrer para construir una alternativa de izquierda en Cuba y
para comprometer en ella no a su actual élite dirigente sino al
pueblo cubano todo. Estas propuestas no expresan el “programa máximo”
de los anarquistas y quizás hasta quepa calificarlas de
“reformistas” en el contexto cubano actual. Sin embargo, son una
buena base para la articulación de una política realmente de izquierda
en Cuba. Tú sabrás mejor que nosotros qué grado de participación y
compromiso habrán de tener los comunistas cubanos -especialmente, los más
jóvenes- con esta política y qué peso pueden tener en el Partido
quienes suscriban orientaciones de este tipo. Sin embargo, no hay duda
que la misma desborda su organicidad y da cabida, entre otras, a las
corrientes que tú misma has reconocido como revolucionarias. De la
misma manera, tampoco hay duda que esa política de izquierda se da de
bruces con una constelación de intereses, privilegios y expectativas
que están ubicados claramente a la derecha de la misma, adentro y
afuera del Partido Comunista: una situación y un proceso que, si mal no
recordamos, hasta hace unos años eran considerados como parte de la
lucha de clases.
Sea
como sea, Celia, hay que continuar afinando el análisis y templando la
voluntad. Si hemos sido irónicos
contigo, en muchos pasajes de esta carta, ello fue así porque
entendemos que todavía no has ingresado de lleno en el problema ni estás
a punto de notificarte públicamente de sus raíces reales. Tus
intenciones parecen sinceras y quizás hasta compartibles, pero aún
hablas a media lengua, te distraes en metáforas que no conducen a
ninguna parte y no has tenido el coraje de poner sobre la mesa la trama
de conflictos concretos que subyacen este proceso de construcción de
una alternativa de izquierda en Cuba. Al pan, pan, y al vino, vino,
Celia: ése es el comienzo real de cualquier alternativa que quiera
plantarse firme ante las eventuales adversidades y partir no de las
intrigas palaciegas sino de la conciencia colectiva del pueblo cubano.
Tú has evitado escrupulosamente hablar de una lucha fraccional pero
coincidirás con nosotros que precisamente eso es lo que todo el mundo
lee detrás de tus palabras. Y sabes que esa lucha hay que librarla a
cualquier precio porque lo que está en juego es nada menos que el
futuro de nuestra entrañable gente cubana. Esa lucha, Celia, sólo
puede librarse con ideas claras, con ideas precisas, con ideas-fuerza, y
no con ditirambos rutinarios y al garete sobre la inmarcesible figura de
Fidel; sólo puede librarse con gente organizada desde sus convicciones
más profundas y no con vagos avisos a los navegantes o difusas
insinuaciones sobre las idas y venidas de una élite. Tú tienes que
pagar un peaje ideológico y soportas directamente las presiones del
aparato: eso es comprensible y hace que tu posición no carezca de
dificultades y asechanzas. Pero al menos puedes hablar, Celia; una
posibilidad con la que no contamos todos los cubanos. Los
cubanos de a pie tenemos sobre ti muchas desventajas y una sola pero
enorme ventaja: nosotros ya sabemos que el Cid Campeador no volverá a
montar sobre los lomos de Babieca y sabemos también que a la izquierda
de Fidel no hay ningún barranco, ningún abismo, ningún precipicio. Lo
que se abre no a la derecha de Fidel pero sí a su izquierda es, Celia,
ni más ni menos que el ancho cauce de la libertad.
Movimiento Libertario Cubano
movimientolibertariocubano@yahoo.com.mx
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