El poder de los de
arriba.
Por Diosmel Rodríguez
Los resultados del referendo revocatorio en Venezuela demuestra una
vez más el poder de los de arriba. Alguien sentenció una vez: “La
razón es la voluntad de la clase dominante hecha ley”.
Si se analizan todas las regulaciones y resoluciones del CNE y en su
contexto, con carácter de ley, se comprende fácilmente que, técnica y
judicialmente los resultados del referendo estaban predeterminados.
El tiempo y la experiencia acumulada durante el llamado proceso
democrático, o sea la democión del presidente Hugo Chávez mediante el
voto popular, posibilitó
que los centros estratégicos de inteligencia cubano-venezolano
desarrollaran los mecanismos técnico-jurídicos para asegurarse de que
no habría peligro para la permanencia de Chávez en el poder.
Las constituciones
de los regímenes totalitarios o autoritarios muchas veces al
redactarse dejan grietas, tal vez por descuido o intención, espacios
que los estrategas políticos de su oposición tratan de utilizar. La
constitución cubana de 1976 establecía que con diez mil firmas se
podía solicitar cambios en algún precepto de ley.
En 1992 la
situación política mundial, la crisis del socialismo y ciertas
inquietudes políticas en Cuba motivaron corregir esa fisura en la
Constitución de 1976. La modificación estableció que para realizarse
un plebiscito en Cuba, sería necesaria su aprobación por dos tercios
de la Asamblea y ratificado por el presidente del Consejo de Estado.
Ante el derrumbe
del campo socialista y la correlación de fuerzas en Latinoamérica, el
gobierno cubano tenía la necesidad de recibir los beneficios
petroleros del Pacto de San José, por consiguiente debía realizar un
proceso electoral para cumplir uno de los requerimientos para ingresar
o formar parte de dicho pacto.
A finales de 1992
y principios de 1993 se realizó un proceso electoral en Cuba. No se
tenía ninguna experiencia el respecto, ni siquiera importados del
campo socialista, porque en los últimos años de la Unión Soviética,
algunos procesos electorales le trajeron a la nomenclatura grandes
problemas, inclusive opositores ganaron puestos importantes algunas
Repúblicas de la Unión.
Las llamadas
elecciones primarias celebradas en Cuba el 20 de diciembre de 1992
arrojaron un resultado no esperado por la cúspide gobernante. Aunque
no eran determinantes por sus mecanismos de proposición y selección
de candidatos, si se pudo considerar como voto de castigo la cantidad
manifestaciones de descontento que se reflejaron en las boletas de
votación.
El sistema
electoral ya estaba determinado y desimanado por todo el país, cuando
Fidel Castro el 14 de febrero de 1993 en un discurso quejoso y lloroso
anunciaba el peligro que corría la Revolución al someterse a un
escrutinio, donde el sistema electoral ponía en riesgo a los
dirigentes históricos de la Revolución, pues en orden de un listado
establecido podrían votar las personas en una forma que ellos pudieran
quedar fuera del gobierno.
El día 15 de
febrero de 1993 transcurrió bajo un silencio sepulcral, pero el 16
amaneció
bajo una fuerte campaña publicitaria, por todos los medios de difusión
masiva. Se cambiaba todo lo establecido para las elecciones de
diputados a la Asamblea Nacional.
La modificaciones
consistían
en
que las organizaciones de masas, todas de corte oficialista,
como la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Jóvenes Comunistas,
la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y la Central de
Trabajadores de Cuba podían elegir diputados directos, en caso que no
fueran elegidos por las masas.
La nominación a
diputados y su posterior elección por un distrito determinado también
forma parte de la estrategia, como es el caso de Fidel Castro, que se
nomina y elige por el Distrito No. 1 José Martí en el Municipio
Santiago de Cuba, donde los ciudadanos tienen la obligación y
responsabilidad de votar por un candidato único o si no por el voto,
todos unidos, con ese voto elige a todos los que figuran en la
boleta.
No es mi intención describir en su totalidad las interioridades del
sistema electoral cubano, sino destacar aquellas evidencias que de
hecho lo hacen manipulables desde las alturas del poder.
Se ha atribuido a las elecciones vital importancia como principal
mecanismo de cambio en todo proceso político, pero el Referendo
Revocatorio en Venezuela nos pone de manifiesto, que hay que
garantizar que se cumplan los procedimientos o requisitos que impidan
que la voluntad popular, técnica y psicológicamente, se pueda
manipular por los que ostentan el poder.
Se puede
prever con claridad y anticipación los mecanismos del poder para
distorsionar los resultados de una votación. Ante la evidencia
manifiesta como estaba sucediendo en Venezuela, no debe aceptarse
concurrir a votación, porque los resultados legitimizan el fraude.
Se habla de las
debilidades de las democracias, la inestabilidad política que a veces
se experimentan en ellas y hasta de una posible confrontación cívica
durante una disputa electoral. Sin embargo un proceso electoral
siempre conllevará a una de las partes a reconocer la victoria de la
otra cuando se ha actuado con transparencia. No obstante, ante la
presencia de un fraude institucional, la oposición debe reconocer
públicamente su imposibilidad de controlar el proceso electoral y no
asistir a los comicios, porque el proceso legitimaza la razón de los
de arriba.
Al final del
proceso venezolano era fácil detectar la intención de manipular los
resultados de la votación. Concluida la recolección de firmas que
aportó resultados adversos al gobierno, los ideólogos cubanos y
venezolanos se pusieron de acuerdo para diseñar un proceso que no
dejara posibilidad alguna de perder el gobierno de Hugo Chávez.
La prioridad de la
intención era diseñar
un sistema,
que diera resultados que sólo estuvieran en control del poder central,
que limitara el acceso a la observación internacional y que los
observadores no fueran muy inquisidores como el Sr. Jaramillo de la
OEA. Que los miembros del CNE, con inclinación manifiesta hacia la
oposición, no se le permitiera estar presente durante el cierre de la
data electoral y la negación a una auditoria en caliente que pudiera
mostrar alguna anomalía en el proceso.
Lo
anterior no sustituye o desestima toda una estrategia de manipulación
social por medio de la propaganda y la capitalización política con las
necesidades reales de los más necesitados, bajo la premisa manía de la
justicia social.
La Oposición ante la propaganda oficialista le faltó un discurso, el
discurso preciso y justiciero, fácil le hubiera sido desmoralizar al
gobierno contando con los medios de difusión a su favor, no para
vencerlo en un sistema electoral preconcebido, sino para obligarlo a
negociar un proceso con mecanismos de supervisión.
La Oposición no valoró los grandes intereses internacionales:
económicos y políticos. Los intereses económicos se inclinaron por una
estabilidad que le garantizara un suministro estable de petróleo y
evitara el alza de los precios en un momento de crisis en el Medio
Oriente.
En lo político, la Izquierda Internacional después del derrumbe del
Campo Socialista le entregó la bandera de trinchera antiimperialista a
Fidel Castro y Chávez es por hoy su fiel seguidor y sostén de
económico de ambas cosas.
La Oposición Venezolana careció de varias cosas, pero la fundamental
fue la capacidad para lidiar con las artimañas totalitarias. El juego
democrático existe, pero hay que tener intuición, entrenamiento y
valor para ganarlo ante las fuerzas del poder, que no tienen
escrúpulos para gobernar.
El poder de convocatoria y la capacidad movilizativa son elementos
básicos para establecer las condiciones de negociación, algo que faltó
a la hora de concretar las reglas bajo las cuales se iría al Referendo
Revocatorio.
La oposición debió exigir de la máquina de votación un duplicado para
el votante, con el solo hecho de tener un elemento de fiscalización
posible, el aparato de inteligencia hubiera denegado la realización
del sufragio, entonces y el incumplimiento del Referendo Revocatorio hubiera
quedado por parte del gobierno.
Las elecciones regionales para gobernadores, aunque pudiera
aprovecharse para reactivar los mecanismos de control electoral, no
aportarán nada útil de hacerse bajo las mismas normas del revocatorio
Muchas otras cosas se pudieran haber hecho, pero ahora lo fundamental
es como dice Armando Rodríguez “defender lo que queda de patria con
lo que queda de democracia”. En política cualquier tiempo es poco.
Ahora deben preparar las condiciones para las elecciones del 2006,
sacar cuentas de los errores, porque los oficialistas van a venir con
la misma estrategia, pero más perfeccionada y si el pueblo venezolano
pierde las próximas elecciones va a tener a Chávez por varios períodos
más.